El jueves llegó eterno. Mi corazón latía fuerte camino al consultorio. Hacía calor, como siempre. Sabía que era el último paciente. La secretaria se había ido. Solo ella y yo. Nervios me trepaban por la espalda. ¿Y si no pasaba nada? ¿Y si todo explotaba? Aparqué, tragué saliva. No había marcha atrás. Empujé la puerta.
—Hola, Alexandre. ¿Puedo llamarte así? Nos conocemos mejor ahora.
La Aproximación: Tensión en la espera
Sonreía carnívora. Ojos verdes brillando. Chemisier blanco, pegado por el sudor. Me invitó a entrar. El aire denso, caliente. Me tumbé en el sillón. Pulsaciones aceleradas. Ella hablaba de su fantasme. Exhibicionista reprimida. En dos movimientos, chemisier fuera. Pantalón abajo. Solo un tanga de encaje. Minúsculo.
—¿Qué piensas?
Mi polla ya dura. Incapaz de disimular. Ella sonrió, quitó el tanga. Vello púbico natural, rubio oscuro. Hermosa. Mojada. Mi primer contacto visual así, tan crudo. Corazón desbocado. Manos temblando.
—Ábrela.
Pero el deseo ardía. Pausa. Le confesé mi estado. Me puse a gusto. Camisa fuera. Pantalón. Slip. Desnudo, solo calcetines blancos. Ella miró mi erección. Preeyacula goteando.
—Pobrecito, está llorando. Lo consolaré.
El Instante: Explosión de sensaciones
Se arrodilló. Boca experta. Lengua enroscando glande. Chupaba como pro. Sillón perfecto, altura ideal. Gemí. Nervios virgen en éxtasis. Mi mano izquierda a sus tetas. Pesadas, firmes. Pezones duros. Chupé uno, luego otro. Ella mugía con mi polla en garganta.
La Aproximación se volvía Instant. Mano derecha subió su muslo. Ella abrió piernas. Coño empapado. Dedos chapoteando. Clítoris hinchado. Ella se corcova. Yo al límite. Eyaculé fuerte. Chorros en su boca. Ella tragó, lamió labios.
—¿Egoísta? Veremos si el sillón aguanta.
Horizontal. Su coño ante mí. Labios mayores rojos, grandes. Vello enmarcando. Olía a sexo maduro. Lamí. Dulce, salado, caliente. Lengua dentro. Ella gritó placer. Caderas moviéndose. Mis dedos abriendo. Clítoris succionado. Temblores. Mi polla renacía.
La explosión sensorial. Piel contra piel. Sudor mezclándose. Sus tetas en mi cara. Gemidos ahogados. Nervios iniciales rotos. Placer puro. Ella montó. Coño tragando mi verga. Cabalgada salvaje. Yo empujando. Orgasmo mutuo. Fluidos chorreando.
Después, la Trace. Tumbados, jadeando. Inocencia rota a los cincuenta. No era solo sexo. Descubrimiento. Ella, fría para otros, fuego para mí. Beso suave. Promesa de más. Salí flotando. Corazón calmado, pero marcado. Nueva era. Hombre renovado. Esa primera vez en su sillón abrió horizontes. Adicción dulce. Nunca olvidaré el calor, los roces, el sabor.