Llegué tarde ese domingo. La sesión había terminado. Busqué a Maylis entre las cuadras. Ante el box de Ballemont de Piber, la vi. Bouchonnait a su lipizzano. Su silueta clara se fundía con los flancos potentes del caballo. Su melena negra caía como cascada. Vestía camisa blanca, jodhpur crudo. El cuero de la silla marcaba sus nalgas firmes.

Me deslicé detrás. Pegué mi cuerpo a su espalda. Mi pecho contra ella. Mi vientre buscando la curva de sus glúteos. Enterré labios en su nuca. Cabello húmedo de sudor. Olor a cuero, a caballo, a ella. Corazón latiendo fuerte. Miedo a ser vistas. Deseo abrasador. No había vuelta atrás.

La aproximación temblorosa

Ella siguió brossando. Pausa mínima. Juego nuestro. Desabotoné su camisa. Manos temblorosas. Espalda musculada, desnuda. Sin sujetador. Pegué mis pechos a sus omoplatos. Agarré sus senos. Tibios, suaves. Pezones endureciéndose en mis palmas. Sus nalgas empujaron contra mí. Señal de placer.

Quité botas. Jodhpur cayó. Desnuda. Se inclinó sobre el caballo. Reins hundidos. Arrodillé. Agarré tobillos. Abrí piernas. Soplo caliente en su raja. Nariz entre nalgas nacaradas. Lengua en su coño. Labios chupando pliegues húmedos. Pelos negros entre dientes. Goteo dulce. Ella paró. Jadeos.

Me alcé. Desnuda a medias. Pantalón a rodillas. Vientre contra sus nalgas. Senos en su espalda. Mano en vientre. Dedo en su sexo. Palma en clítoris. Ella contra el flanco del animal. Mejilla en pelaje. Narinas dilatadas. Halitos. Mi corazón truena. Sudor frío. Excitación pura.

Ballemont piafa. Sexo colgando. Olor de hembra. Froté contra ella. Saillants en mi piel.

El clímax interrumpido

Rugas en su frente. Ojos en la puerta. Jean-François. Apoyado. Mirando mi mano agitarse. Pantalón bajo. Mano en polla. Glande violeta brillando. Intenté retroceder. Maylis agarró mi mano.

—Sigue… voy a correrme… me da igual…

Dedo furioso en clítoris. No aparto vista. Su paja rápida. Muslos de Maylis aprietan. Aullido ronco. Explosión. Al mismo tiempo, corrida. Esperma nacarado en mi muslo, houseaux. Primera vez viéndolo tan cerca. Caliente, pegajoso.

Quedé helada. Maylis jadeante contra el caballo. Jean-François se va. Silencio pesado. Odor a sexo, paja, sudor equino. Corazón desbocado. Culpa. Euforia. Inocencia rota. Ya no era niña. Aquel box, testigo. Paso irreversible. Hacia adultez salvaje. Marcada para siempre por su sabor, su orgasmo, esa corrida ajena salpicándome.

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