En el dormitorio del albergue portugués, la ventana abierta deja entrar la brisa salada. Estoy solo, castigado por el salto desde la roca. Nuño en la litera, polla ya medio tiesa de puro nervio. El corazón me martillea el pecho. ¿Vendrá? Lo convencí en susurros durante la cena. ‘Ven cuando la disco reviente y los profes duerman’. Minutos eternos. Fantaseo con su cuerpo, su piel caliente contra la mía. Sudor en las palmas. Miedo a que nos pillen. Pero el deseo gana. No hay vuelta atrás. Un ruido en el balcón. Sombra silenciosa. Se desliza dentro, se acuesta pegada a mí. Olor a mar y hormonas. Nuestros labios chocan torpes, hambrientos. Mordiscos. Manos everywhere, palpando pechos, culos, endureciéndonos mutuamente.

Sus dedos me recorren el torso. Yo le arranco la ropa, febril. Tiemblamos al alinearnos, piel con piel. Besos que queman. Nos amasamos sin piedad, dolor mezclado con placer. Mi polla palpita, lista para estallar. Demasiado rápido. Siempre me corro solo en dos minutos. Pero esto es real. Carne viva. Él me besa el vientre, baja. Manos en mis caderas. Dedos rozan mi verga hinchada. Gimo. Se pone cabeza abajo en la litera estrecha. Boca caliente cerca. Camino el culo. Se la traga. ¡Joder! Calor húmedo, lengua girando en el glande. Sensaciones nuevas me parten en dos. Chupo la suya a cambio, torpe al principio. Salado, venoso. Nos guía el instinto. Lamidas en huevos, ano rozado. Corazón desbocado. Sudor goteando.

La espera que acelera el corazón

No aguanto. Viejos hábitos de paja. Empujo en su boca. Labios apretados. Va-et-vient frenético. El placer sube como ola. ¡No! Primera chorreada en su garganta. Otra. Semen espeso, desde las tripas. Me dobla el orgasmo. Infinito. Mejor que cualquier sueño húmedo. Me vacía entero. Cae exhausto. Respiramos agitados. Silencio roto por risas ahogadas. Vuelvo a endurecerme rápido. Lo acaricio todo: pezones duros, culo redondo. Quiero follarlo ya. Me giro, polla tiesa entre sus nalgas. Empujo suave. Él se abre. Pero voces abajo. Profes en la escalera. Pánico. Se separa volando por el balcón. Yo me meto en el saco. Puerta golpea. ‘¿Estás solo?’. ‘Sí, profe’. Corazón en la garganta.

Quedé ahí, semen secándose en la piel, polla aún palpitando insatisfecha. Primera vez real. No con una chica, con él. Rompió algo en mí. Inocencia hecha añicos. Placer prohibido, más intenso. Mañana, miradas cómplices en la playa. Sabía que repetiríamos. Aquella noche abrí puertas. Del salto de la roca al salto al vacío sexual. Adolescencia muere. Hombre nace, cachondo y secreto. Hoy lo recuerdo con vellos de punta. Nervios idénticos. Aquel dormitorio olió a descubrimiento visceral.

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