Era un domingo agotador en París. Conferencias de nueve a siete. La nieve cubría las calles, el Jardín del Luxembourg era un sueño blanco. Pero yo, atrapada en debates, con la cabeza como una calabaza. Llegué a casa a las ocho. Solo quería disolver esas horas en un baño caliente.

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Mis zapatillas quedaron en el pasillo. Bolso y abrigo volaron al sofá. Automática, abrí los grifos. El traje, falda, medias, bragas: todo en un montón en el azulejo. El agua humeaba, casi hirviendo. Probé con un pie. Mousse suave. Luego el otro. Me deslicé despacio. Quemaba en los muslos. En las nalgas, me atrapó. En los labios, un chispazo. Fríos y sudores. Pechos firmes, pezones erguidos. Me hundí hasta el mentón.

La aproximación: nervios y deseo incontrolable

Mente en blanco. Apesantez. Recuerdos de amantes. Manos en senos. Amasando suave, luego fuerte. Pulgares en pezones, rodando, tirando. Abrí los ojos. Sonreí. No así, no ahora. Recordé el whisky de 18 años del Papá Noel. No soy de whisky, pero esa noche, sola, quise olvidar. Quise desear.

Salí chorreando espuma. Al salón. Dios, persianas abiertas. Luz encendida. Noche negra fuera. Al diablo las normas. Desnuda, vertí un vaso grande. Neviscaba fuerte. París mágico. Último piso, nadie desde la calle me ve. Pegada al cristal, Jardin du Luxembourg, Notre-Dame al fondo. Luces de ensueño.

Al otro lado del bulevar, ventana iluminada. Un chico joven, de pie. Me miró. Fingí no ver. Sorbitos de whisky. Paseé, fingiendo ordenar papeles. Él ahí, fijo. Volví al baño. Más agua caliente. Me metí de nuevo. Música baja. Pensé en él. ¿Me vio? ¿Solo? ¿Contará?

Latidos rápidos. Mano derecha en vientre. Piernas abiertas. Dedos en labios, los abro. Clítoris destapado en agua ardiente. Un dedo dentro, luego dos. Vaivenes lentos. Ojos cerrados. Calor subiendo. ¡Crash! Vaso roto. ¿Qué hacía? No ahora, no así. Pero la mano volvió. Sobre labios. Índice rodeando mi ano. Piernas en V. Segundo dedo empujando el anillo.

El agua entraba. Sensación deliciosa. Dulce, sensual. Espasmos. Mordí labio. Piernas tiesas. Quería gritar, meterme todo. Me solté. Temblando. Había prometido no. Fallé otra vez.

Salí pensando en el chico. ¿Sigue ahí? A la habitación, desnuda. Luz on. Busco ropa. Ventana apagada. Refuego cama. Nuisette burdeos. Mirada a París nevado. ¡Luz on! Él de pie, mirándome.

No paro el juego. Sesión de pruebas. Quité nuisette. Probé otra. Tanga, string, sujetador, bustier. Media hora: voy, vengo, desnudo, visto, meneo ante espejo. Maniquí privada. Ojeada: él clavado.

El instante: el primer contacto explosivo

Teléfono. Jack. Sexo-friends. Amigos con derechos. Charlamos.

—¿Qué haces?

—Nada.

—¿Vienes a ver DVD?

—No, estoy con un amigo.

—No muerdo. Trae botella. Ya.

Tanga y vestido. Él sigue. Cierro persiana. Buenas noches, voyeur. Noche mía. París blanco, adiós lectores. Esa primera vez en la bañera me abrió horizontes. Inocencia rota. Ahora, adulta en deseo.

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