En la habitación del hotel en Cunit, España. El aire huele a sal y crema solar. Lætitia me mira con esos ojos negros enormes, dudando. Su cuerpo desnudo tiembla bajo la luz tenue. Yo estoy tendido en la cama, mi verga tiesa apuntando al techo, brillante de lubricante. El corazón me late como un tambor. Cuarenta años de experiencia en la mente, pero esto es nuevo. Real. Su primera vez conmigo, sin dolor, sin fracaso.

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Ella se sube encima. Sus muslos rozan los míos. Respira hondo, el pecho sube y baja, pezones duros como guijarros. ‘¿Segura?’, pregunto. Asiente, pero sus dedos aprietan las sábanas. Baja despacio. Mi glande toca su mata negra, espesa, húmeda. Un escalofrío me recorre. Ella jadea. ‘Lento’, murmura. El deseo quema. No hay vuelta atrás. Sus labios se abren, me envuelve la punta. Calor. Humedad. Sus ojos se clavan en los míos, miedo y hambre mezclados.

La aproximación nerviosa

Baja más. Centímetro a centímetro. Su coño aprieta, virgen en placer para mí. ‘¡Aaah!’, suspira. Yo contengo el aliento, bolas tensas. Sus manos en mi pecho, uñas clavándose leve. Llega al fondo. Su pubis choca contra mí. ‘¡Todo entró!’, dice asombrada. Se mueve. Prueba. Ondula. Maladroite al principio, torpe, excitante. Sus tetas pequeñas rebotan. Las agarro, pellizco pezones hinchados. Ella gime. ‘¡Hmmm!’. El ritmo acelera. Sudor perla su piel. Mi verga palpita dentro, frotando paredes calientes.

Sus caderas giran. Encuentra el ángulo. ‘¡Oooh!’. Yo toco su clítoris, resbaladizo. Electricidad la sacude. ‘¡Para! ¡Demasiado!’. Pero no para. Ondula más fuerte. Sus ojos se cierran, cabeza atrás. Gritos ahogados. ‘¡Hou!’. Uñas en mi piel. Tiembla. Yo maleteo sus tetas, largas ahora los pezones. Ella cabalga salvaje. Coño chorreando. Mi verga hinchada al límite.

El instante explosivo

Explota primero. ‘¡Aaaah!’. Cuerpo arqueado, manos en mis muslos. Gime ronco, animal. Ondas aprietan mi polla. No aguanto. Chorros calientes la inundan. Profundo. Me vacío. Semen rebosando. Ella tiembla encima, alarga el orgasmo. Colapso juntos. Sudor, semen, coño goteando. Besos torpes. Corazones desbocados.

Después, quietud. Ella se acurruca. ‘¿Esto es follar?’, pregunta. Río suave. Su inocencia rota, pero gozosa. Ya no es la tímida complejada. Siente su poder. Mi semen sale lento de su raja peluda. Lo mira, fascinada. ‘Me llena’. Yo la abrazo. Fin de la espera. Paso a adulto pleno. Esta noche en Cunit, España, todo cambió. Nervios fundidos en placer crudo. Horizonte abierto, sin miedos.

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