Llego a Versalles con el corazón latiendo fuerte. Compro un conjunto de lencería gris claro, shorty y sujetador de encaje. Subo al primer piso, sudando. Suena el timbre. La puerta se abre. Virginie me espera en el umbral, con una camisita morada transparente. Nada debajo. Su pubis depilado asoma como una invitación. Diez años sin verla. ¿La beso o la saludo? No dudo. La abrazo y mis labios encuentran los suyos. Su lengua invade mi boca, hambrienta. Nos besamos eternamente, recuperando el tiempo perdido.

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—Hola, tú —dice al separarnos, con esa voz inconfundible.

La Llegada: Tensión y Deseo Incontrolable

Nos sentamos en el sofá del salón. Se sube a horcajadas sobre mí. Sus caderas contra las mías. Mis manos trepan por su espalda, bajan a sus muslos. La camisita sube. Mi polla se endurece bajo el pantalón. Ella lo nota, presiona. Interrumpo el beso para darle el regalo. Abre el paquete. Sonríe.

—¿Quieres que me lo pruebe?

Se quita la camisita sin pudor. Desnuda. Pechos perfectos. Sexo epilado, solo una tira fina. Se pone el shorty y el sujetador. Gira ante mí. La toco, ajusto la tela sobre su piel. Es magnífica. Se inclina para besarme. La atraigo. «Despacio, no estropees lo nuevo», dice riendo. Se desnuda otra vez. Ahora contra mí, piel con piel. La acaricio sin freno: muslos, espalda, pechos. Chupo sus pezones. Bajo a sus nalgas, exploro su surco. Mi dedo roza su ano. «Hace mucho tiempo», murmura. Poco follada por detrás desde mí. Mi polla palpita.

Me desnuda ella. T-shirt arriba, besos en mi pecho. Baja el pantalón. En slips. Me besa, aprieta mis nalgas. Baja el slip. Se arrodilla. Agarra mi polla dura. Me mira a los ojos.

—Demasiado tiempo esperando esto.

Me la traga entera. Sorprendente. Antes lo rechazaba. Su lengua gira, divina. Me mira sonriendo. El placer sube. La paro antes de correrme. Me levanta, besa. Va a la cocina por café. Su culo se mueve. La sigo. Mientras prepara, la acaricio, beso, manoseo tetas, pellizco pezones. Mi mano entre sus piernas: está empapada. Mi polla roza su coño. Se inclina. Entro despacio. Calor, humedad. Va sola. Suspira, empuja nalgas. Follo lento, saboreando. Para. Café listo. Vuelve al salón, sonriendo.

—No todo de golpe. Guarda algo.

Café piel con piel. No se me baja. Ella la agarra, mide dureza. Yo la toco: tetas, coño, ano. Se levanta. Me lleva a la habitación. Se tumba, piernas abiertas.

El Clímax: Descubrimiento Físico Brutal

—Ven.

Me echo sobre ella. Beso, mano en teta. Polla en su clítoris. Gime. Se impacienta.

—Ven ya.

—¿Dónde la quieres?

—Donde sea, pero por delante y rápido.

Entro de un golpe en su coño húmedo. Va-et-vient. Gime fuerte, piernas en mi espalda, levanta culo. Le digo que quiero su culo. «¿Qué esperas?».

Salgo. Apunto al ano. «Solo tú has estado ahí en diez años». Empujo lento. Se abre. Tica, pero empuja mis nalgas. Entro todo. Le pregunto si ok. Sí. Embisto fuerte. Se aprieta. Gime. La follo como antes, salvaje. Se crispa, correte, jadeos conocidos. Me corro en su culo, gritando. Nos abrazamos, besos largos.

—Me has faltado.

Se duerme en mi hombro. Mi inocencia rota de nuevo. Mundo nuevo abierto. Adulto total.

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