Entré en la habitación del hotel-restaurante. El corazón me latía fuerte. Samir detrás de mí. Sus manos en mis caderas. Nervios. Excitación. Sabía que no había marcha atrás. Él presionaba suave pero firme. Me guiaba hacia el guéridon. Pasamos el lit. ‘El lit es para después’, murmuró en mi oreja. Su aliento caliente. Mi piel erizada. Me placó contra la mesa. Sentí su poder. Una mano en mi espalda. La otra liberando su verga. Mi falda arriba. Bragas a medio muslo. Un dedo me exploró. Húmeda ya. Listo. Mi pulso acelerado. ¿Era esto real? ¿Con él, el excondenado? Miedo y deseo revueltos. No parpadeé. Quería esto. Lo necesitaba.
El instante llegó crudo. Su polla enorme. ¿O un juguete? No importaba. Me sujetó las caderas. Inmovilizada. Entró de golpe. Duro. Profundo. Grité bajito. Dolor mezclado con placer nuevo. Nunca así con Mat. Él era tierno pero flojo. Esto era bestial. Me taladraba. Ritmo feroz. Mi clítoris rozaba la madera. Olas subían. Corazón desbocado. Sudor. Gemidos míos. Sus gruñidos. Perdí el control. El mundo se disolvió. Explosión. Orgasmo brutal. Él eyaculó dentro. Calor inundándome. Pantelante. Aún inclinada. Piernas temblando. Coulures en muslos. Toqué mi coño. Sperma suyo. ‘Mierda, Samir, ¿sin condón?’, jadeé. ‘Si es niña, Yasmine’, dijo él. Reí nerviosa. ‘Marie’. ‘Yasmine’. Risa compartida. Locura dulce.
La aproximación: Temblores de anticipación
Después, la marca quedó. Me vestí temblando. Inocencia rota. No era virgen, pero esto sí era primera vez. Verdadera. Despertar visceral. Samir me abrió horizontes. Placer sin filtros. Nervios que ahora añoro. Miré su sonrisa pícara. Sabía que cambiaría todo. Años después, Yasmine nació. Sus ojos, los suyos. Recuerdo cada latido. Cada embestida. Fin de la niña ingenua. Nacimiento de la mujer. Dolor dulce persiste. ¿Valió la pena? Sí. Siempre. Esa habitación modesta. Ese guéridon. Mi altar de iniciación. Nerviosa aún al pensarlo. Excitada. Viva.