En la habitación del hotel, desnuda sobre las sábanas revueltas. Minuit treinta. Souleymane de pie frente a mí, con los ojos muy abiertos. Su silueta musculosa recortada contra la luz del pasillo. Mi grito aún resuena en el aire caliente. El corazón me martillea el pecho. ¿Qué hago? El mensaje equivocado. Ese ‘la puerta está abierta, te espero’ que le envié por error. Su mirada me quema. Mezcla de sorpresa y hambre. Me cubro los pechos con las manos, pero es inútil. Ya me ha visto toda. En la playa, su lengua en mi sexo. El orgasmo que me dobló las rodillas. Ahora está aquí. Solo. Mi fidelidad de veinte años tiembla. Jules lejos, en Europa del Este. Sus palabras calientes por teléfono. ‘Disfruta’. ¿Era una invitación? El pulso en mis sienes. Sudor entre los muslos. No lo echo. No puedo. Doy un paso atrás, pero mis ojos lo invitan. ‘Ven’, susurro. Nervios en el estómago. Como la primera vez con Jules, pero peor. Prohibido. Exótico. Su piel oscura contra mi blancura. El aire del trópico nos envuelve, pegajoso, cargado de sal y deseo. Me acerco. Sus manos en mi cintura. Tiemblo. Sé que no hay marcha atrás. El beso llega. Duro. Sus labios gruesos devoran los míos. Lenguas que chocan. Mi cuerpo se rinde. Pechos contra su torso. Pezones duros como piedras. Sus dedos bajan. Encuentran mi humedad. Gimo. El mundo se reduce a esto. A esta habitación. A esta noche que rompe todo.
Sus manos me empujan al borde de la cama. Caigo de espaldas. Él se desnuda rápido. Su polla salta libre. Grande. Gruesa. Venosa. Como prometía en la playa. Mi boca se seca. Nervios y excitación. Primera vez con un hombre así. Mulato. Fuerte. No como Jules. Me abre las piernas. Su aliento en mi sexo. Lamida lenta. Profunda. Chupo aire. Caderas que se arquean solas. ‘Souleymane…’, jadeo. Su lengua gira. Aspira mi clítoris. Explosión. Olas de placer nuevo. Crudo. Animal. Mis uñas en su cabeza. Dreadlocks entre dedos. Él sube. Polla en mi entrada. Presiona. Duele un poco. Estiro. Llena. Completa. Empuja. Grito. Batir de corazón en oídos. Ritmo salvaje. Sus caderas chocan. Sudor nos une. Piel negra sobre blanca. Manos en mis tetas. Aprieta. Mordisquea pezones. Yo clavo uñas en su espalda. ‘Más fuerte’. Pierdo control. Primera vez así. Sin barreras. Infidelidad pura. Orgasmo sube. Me ahoga. Él gruñe. Semilla caliente dentro. Colapso. Juntos. Respiro entrecortado.
La aproximación: tensión y deseo en la habitación
Después, silencio. Su cabeza en mi pecho. Mi mano en su pelo. El aire acondicionado zumba. Realidad vuelve. ¿Qué he hecho? Fidelidad rota. Inocencia de esposa perdida. Pero no arrepentimiento. Solo plenitud. Nuevo horizonte. Ya no soy la misma Rose. La de París, rutina, niños. Ahora, mujer despierta. Saboreo la sal en su piel. El olor a sexo. Mañana, bronceada. Marcada. Esta noche, mi primera vez real. El paso al otro lado. Corazón aún acelerado. Sonrío en la oscuridad. Jules nunca sabrá. O quizás sí. Pero yo, cambio para siempre.