Estaba en mi dormitorio, la penumbra suave del atardecer filtrándose por las cortinas. El artesano de pelo gris acababa de escuchar mi explicación sobre los espejos alrededor y encima de la cama. Quería verme, cruda, abierta, follada desde todos los ángulos. Su mirada me recorrió, se puso rojo como un tomate. Mi corazón latía desbocado. ¿Y si paraba? Pero no. El deseo me quemaba el vientre.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Me acerqué despacio, risueña por dentro. Mi mano fue directa a su braguette, esa salopette que tanto me gustaba. Duro. Muy duro. Él retrocedió, tropezó y cayó de espaldas sobre mi cama. No se movió. Sus ojos fijos en mí, graves, hambrientos. El pulso me martilleaba las sienes. Empecé el strip-tease lento, mirándolo a los ojos. Levanté el jersey, mostrando mis tetas en el sujetador de encaje negro. Los pezones rosados se erguían, blancos contrastando con los agujeros. Me quité el jersey. Luego la falda, girando para que viera mi tanga brasileña, el hilo hundido entre mis nalgas, apenas cubriendo mi coño y su pelito rizado.

La aproximación: nervios y deseo incontrolable

La falda cayó. Alcé los brazos, giré. Vi su mano bajar a la braguette. Sacó su polla tiesa, glande rosado, viva. Se pajeaba lento, sin pestañear. Mi pecho subía y bajaba rápido. Excitación pura. Agarre mis tetas, mamelones entre dedos. Los pellizqué fuerte. Dolor dulce, placer que me mojó el tanga. Lo bajé despacio, quedando desnuda. Me giré, abrí las nalgas. Todo a la vista: coño, ano. Ofrecida.

Subí a la cama, lo encabalgué. Cuclillé sobre su cara, abrí piernas. Mi coño se abrió, labios rosados brillando. Me masturbé, cyprine salpicó su rostro. Él parpadeó, mudo. Me puse de lado, arrodillada. Aparté su mano, agarré su polla con la izquierda. La meneé suave. Derecha en sus huevos, acariciando. Bajé la boca. Glans ardiente, lengua girando, lamiendo el meato. La tragué hondo. Arcada, pero forcé. Hasta la garganta. Eyaculó. Chorros calientes, abundantes. Tragué todo. ¿Precauciones? Pensé fugaz. Pero su pinta no era de riesgo.

El instante: explosión de sensaciones prohibidas

Lo desnudé. Cuerpo fornido, algo barrigón. Polla dura de nuevo. La monté, empalándome. Llena. Subí y bajé lento, gimiendo. Él me agarró la cintura, me volteó. Faldas al aire. Supe: el culo. Frío en la espalda, calor en el vientre. ‘Sí, fóllame el culo’, supliqué. ‘RómPEMelo, lléname de leche’. Chienne en celo. Boca en mi ano, lengua forzando. Deliciosa. Dedos en mi clítoris, frotando frenético.

Su polla contra mi roseta. Calor intenso. Empujó. Ano dilatándose, lento. Saliva ayudando. Glans entró. Paré, contraje. Sensación nueva, invasora. Empujó más. Hasta el fondo. Mi culo apretaba, soltaba. Placer distinto, transgressor. Me taladraba fuerte, rítmico. Yo me pajeaba loca. Dolor y gozo. Empujaba atrás, abriéndome. Aceleró, brutal. Geyser dentro, quemando entrañas. Yo exploté, gritando. Caímos de lado, unidos.

Me aparté, lamí su polla blanda, limpia de semen y mis jugos. Beso largo, lenguas danzando. Se apartó: ‘¿Y las obras, para cuándo?’. Reí. Apaciguados. Pero algo cambió. Mi inocencia anal rota. Horizontes abiertos. Ahora, cada recuerdo acelera mi pulso. Aquella primera vez en el culo, mal torpe, eterna.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *