Estábamos aparcando el coche frente al sex-shop. Mi corazón latía fuerte. Sophie, con su falda corta dejando ver los ligueros negros, me miró con picardía. Tenía veinte años, llevábamos meses follando sin parar. Pero esto era nuevo. Explorar el culo, primero con dedos, lenguas. Ahora, un gode-ceinture. Ella insistía: ‘Te voy a follar a cuatro patas’. Me besé con ella, metí la mano bajo su falda. Su coño chorreaba a través de la braguita. Se la quitó, húmeda, y me la ofreció. ‘Póntela tú si yo voy sin nada’. Nervioso, me retorcí en el asiento. El hilo negro entre mis nalgas rozaba mi ano. Erección inmediata. Salimos. Ella levantó la falda: culazo redondo. Entré sonrojado.

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El local olía a sexo. DVDs por todos lados. Fuimos a los juguetes. Solo un modelo. Salió la dependienta. Sophie, sin pudor: ‘Buscamos un strap-on para follarle el culo’. Roja como un tomate, la seguí al almacén. Modelos sobre la mesa. Ella recomendó uno grande, bien fijado. ‘Prueba con un plug antes’. Sophie: ‘Lo cogemos todo’. Pidió un probador. Dentro, inclinado, pantalones abajo. Su dedo lubricado, el plug entró despacio. Sensación plena, nerviosa. Subí la braguita suya, luego el vaquero. Al pagar, su sonrisa cómplice: ‘Que lo paséis bien’.

La aproximación: nervios y deseo en el sex-shop

En casa, nos devoramos. Durante el viaje, levanté su falda: coño mojado. El plug dilataba mi ano, placer en el vientre. En el salón, solo en su braguita, ella en lencería y medias. Tetas grandes, piel blanca, mirada dominante. Mi polla asomaba dura. Se arrodilló, me la metió en la boca, ojos clavados. 69 en el sofá. Su coño en mi cara, frotándose. Cyprine por todas partes. Ella mamaba mi verga, sacaba y metía el plug como un dios. Mi orgasmo cerca. Ella gozó primero, inundándome la boca.

El instante: la penetración que lo cambió todo

‘A cuatro patas’. Obedecí, culo en pompa. Sacó mouille de su coño, lubricó mi rosca. Un dedo, dos, tres. Fácil por el plug previo. Se puso el arnés, gode en mi boca. Saliva goteando. La miré: muslos potentes, pubis peludo con apéndice, barriga suave, tetas, sonrisa radiante. La más sexy del mundo. Posicionó la punta en mi ano. Entró lento. Lleno total. Paró. Saboreé. Luego, embestidas suaves. Aceleró. Trance puro. Olvidé todo. Solo placer anal. Mi polla goteaba sin tocar. Se hinchó, corrí sin parar. Ano contrayéndose, olas intensas. Vacío, ella sudada, feliz.

Nos tumbamos. Gode aún dentro. Dormimos pegados. Aquella noche rompió algo. Fin de la inocencia. Nuevo horizonte: ser follado, vulnerable, extasiado. Corazón acelerado aún en el recuerdo. Ahora, en la consulta de la sexóloga, lo cuento con pudor y vértigo. Ella sonríe: ‘Trae el plug la próxima’.

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