La ducha humeaba, el vapor llenaba el baño como un velo espeso. Mi corazón latía desbocado. Hacía años que soñaba con esto, con Joseph, mi amor reprimido desde Lovaina. Ahora, con Liriam de vuelta, era el momento. Desnuda, piel de gallina, empujo la puerta. ‘¡Oh!’, finjo sorpresa. Él está ahí, bajo el agua, su cuerpo negro reluciente, esa verga tiesa como una lanza. Trago saliva. Miedo y deseo se enredan en mi estómago. No hay marcha atrás.
Me acerco. ‘No sabía que estabas aquí’, miento. Él ríe nervioso, ojos bajos. ‘Espera que me enjuague’. No. ‘Tomemos la ducha juntos’. Mi voz tiembla. El agua nos envuelve, caliente, pegajosa. Le pido que me enjabone la espalda. Sus manos grandes, finas, tocan mi piel blanca. Un escalofrío me recorre. Se inclina, besa mi cuello. Gimo bajito. Mi mano busca su pecho, ahora musculoso por los ejercicios. Siento su polla dura contra mi muslo. Late. Mi pulso se acelera, como un tambor africano.
La aproximación temblorosa
Sus labios encuentran los míos. Lenguas torpes al principio, luego hambrientas. Agua por todas partes, jabón resbaladizo. Él aprieta mis pechos, pezones erguidos. Yo agarro su verga, enorme, venosa. ‘¿Te provoco yo?’, pregunta. ‘Sí’, confieso, ruborizada. Salimos. Nos secamos a toda prisa, gotas por la piel. En la habitación, sobre la cama, nos miramos. Desnudos como al primer día. Mi coño palpita, húmedo de anticipación. Nervios me aprietan el pecho. ¿Y si duele? ¿Y si no gusta?
Él se tumba boca arriba. ‘Ven, empálate a tu ritmo’. Dudo. El glande roza mis labios vaginales, resbaladizo por mi flujo. Respiro hondo. Bajo despacio. Duele. Un pinchazo agudo. Gruño, ‘¡Ouf!’. Sangre tibia mana. Mi virginidad, guardada cuarenta años, se rompe. Lágrimas en los ojos. Él espera, paciente, manos en mis caderas. ‘Espera, se acostumbrará’. Muevo las caderas, lento. Dolor cede a calor. Placer crece, como una ola.
El instante de ruptura
Acelero. Ritmo frenético. Mi garganta suelta rugidos roncos, como un animal herido. Pubis contra pubis, su verga me llena hasta el fondo. Estrellas en los ojos. Orgasmo me arrasa, violento, me dejo caer sobre él. Sudor, jadeos. Él no ha venido aún. Sigo moviéndome, cabalgo más. Siento su polla hincharse. Gime, empuja arriba. Eyacula dentro, chorros calientes inundan mi útero. Yo exploto otra vez. Nos derrumbamos, exhaustos.
Miro su verga, manchada de mi sangre virginal. La limpio con ternura, beso la punta. Revive, se endurece. ‘¿Otra?’, pregunta. Río, ‘Espera, está hinchada’. Bruits de pared, la madre de Joseph se queja. Nos acurrucamos. Mi inocencia muerta, renazco mujer. Placer nuevo, adictivo. Corazón aún acelerado, pero sereno. Joseph, mi amante por fin. No más miedos. Solo deseo visceral, eterno.