Salgo del psicólogo. Quince años después, aún no sé si me siento culpable. No, creo que no. Todo empezó aquella noche de julio, en el jardín de la casa de Steven. Tenía 18 años, recién acabado el bachillerato. Cervezas frías, risas, el verano infinito. Pierre y Steven con sus chicas: Rachel y Lucile. Yo, soltero esa semana, el rey de las conquistas. Musculoso, mayor en apariencia, las chicas caían solas.

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Contaba mi última hazaña: una diosa del instituto que me perseguía. Detalles sucios. Los chicos pedían más: curvas, cómo gemía. Las chicas, celosas, la llamaban puta, pero querían oírlo todo. Luz sobre mí. Pierre empezaba a joderse. Rachel reía con mis chistes. Él la besaba brusco, marcando territorio. Ella, molesta, me sonreía más. Morena peruana, delgada, culo firme de deportista, tetas pequeñas pero perfectas. Vestido rojo corto, tenis. Mi polla se tensaba.

La aproximación: tensión en la noche

Lucile y Steven se van a las tres. Rachel también. Pierre suplica que se quede, padres ausentes. No. Yo pido ride en su scooter. Pierre fulmina. Ella, alegre: ‘Claro’. Él la besa fuerte, mirándome. Ella, cabreada.

Asiento trasero del scooter. ‘Abrázame la cintura’, dice. Manos en sus riñones. Tela fina. Siento el hilo del tanga en sus caderas. Corazón a mil. ¿Demasiado bajo? Ella arranca. Noche desierta, brisa. No sé qué me pasa. Manos en sus muslos. Suaves, calientes. No reacciona. Las muevo. Caricias lentas. Piernas se abren un poco. ¿Le gusta? Adrenalina pura. Miedo a que pare. Pero no. Llego a casa. Moto off.

‘Quítate el casco’. Lo hace. La beso. Lenguas enredadas. Se aparta. ‘Pierre… no podemos’. ‘Entra a hablar’. Desesperado. Funciona. Entra.

El instante: piel contra piel

En mi cuarto. Le quito el vestido. Tímida, duda. ‘No sé si quiero’. La beso largo, suave. Cuerpo dorado, tetas redondas, pezones duros como piedras. Se disculpa: virgen con Pierre aún. Me la chupa torpe, saliva tibia. La tumbo. ‘Silencio, padres durmiendo’. Entro despacio. Ceño fruncido, primer dolor. Pienso en Pierre besándola hace una hora. Placer brutal. Bombeo. Gime bajito. Eyaculo dentro, casi desmayo.

Varias veces esa noche. Al amanecer, otra. Culpabilidad pinchaba. La follamos para ahogarla. ‘¿Dejo a Pierre?’. No. ‘Pero no folles con él’. Todo el verano: casi diario. Con la banda, fingíamos. Pierre sospechaba. Le tocaba tetas, culo a escondidas. Ella temblaba, excitada, miedo.

Descubrí mi vicio: mujeres ajenas. Otras no valían. Pensaba en Pierre follándola. Brassens: ‘No lapidéis a la adúltera, que estoy detrás’. Septiembre: nos separamos. Ella confiesa. Pierdo amigo. Deseo se va en días.

Salgo del psicólogo. ¿Por qué solo quiero mujeres de otros? Esta perversión me guía. Exploro con parejas de amigos. Él dice: no es grave. Simpático. Me pregunto cómo será su mujer. La follaría.

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