Aún recuerdo esa celda fría, húmeda, con el globo de luz amarilla flotando como un ojo indiferente. Dos días encerrada, desnuda, con las muñecas atadas atrás por esa cuerda plateada. El sorcier me había dado el vino con aphrodine. Fuego en las venas. Mi coño ardía, mojado sin parar. Me frotaba contra la cama, el suelo, todo. Nada bastaba. Pensaba en pollas, en Telnar. Su cuerpo en el río, su verga gruesa en la mano. Quería gritar.

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La puerta se abrió. Él entró. Telnar, mi amigo, el mestizo alto y musculoso. Capucha baja, ojos afilados. Mi corazón latió fuerte. No era el hechicero. Era salvación. Y placer. ‘Karina, ¿qué te hizo?’, dijo. Su voz ronca. Lo miré, desnuda, tetas erguidas, pezones duros. ‘Aphrodine. Hazme correr, Telnar. Por favor’. Sus mejillas rojas. Dudaba. Nobleza, tío rey. Yo me arrodillé, froté mi cara en su entrepierna. Sentí su polla endurecerse. ‘No soy de cristal’, le dije.

La Aproximación: Temblor en la Oscuridad

Él soltó el cinturón. Pantalones abajo. Su verga saltó, larga, venosa. La tomé con la boca. Labios suaves en el glande. Lengua girando. Lo chupé lento, torturándolo. ‘Sueño con esto’, murmuré. Él cortó la cuerda. Sus manos en mis tetas. Pinzaba pezones. Boca en mi cuello, clavícula. Gemí. Su dedo en mi clítoris, círculos lentos. Luego dentro, dos dedos. Bombeando. Mi cuerpo se tensó. Corrí gritando, olas rompiendo. El aphrodine se fue. Pero el deseo quedó.

El Instante: Explosión de Sensaciones Nuevas

Lo miré. Aún tieso, palpitante. ‘Más’, pedí. Me puse a cuatro, culo arriba. Firme, blanco. Él entró despacio. Llenándome. Latidos en el pecho. Nervios y éxtasis. ‘Fóllame fuerte’, exigí. Aceleró. Golpes profundos. Mano en mi clítoris. Gemía contra el suelo frío. Sudor mezclándose. Casi al unísono, explotamos. Semen caliente dentro. Cuerpos temblando, pegados.

Después, silencio. Alientos jadeantes. Su pecho contra mi espalda. Inocencia rota. No era solo aphrodine. Lo quería desde el río. Ahora, real. Adulta, marcada. ‘Vámonos’, dijo. Ropa del hechicero. Caballos al norte. Caminamos juntos. Corazón acelerado aún. Esa noche cambió todo. De niña noble a mujer deseosa. La huella quema dulce.

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