Entré en la cabina de la sala oscura del sex-shop. El corazón me latía fuerte, como un tambor en el pecho. La puerta se cerró con un clic que sonó definitivo. Olía a sudor rancio, a tabaco viejo y algo más, algo prohibido. Bajé el asiento plegable, dudé. Mi falda corta rozaba mis muslos desnudos. Solo las nalgas sobre la madera fría, nada más. Nervios en el estómago, un nudo que subía y bajaba.
Introduje el primer jetón. El contador marcó 120 segundos. Programa 69: dos rubias lamiéndose con ganas. Cambié. Otra rubia en cuatro, follada por detrás. Más rubias, pechos siliconados, corridas. Me frustraba. ¿Y las morenas? Mi mano ya temblaba dentro de la braguita. Caliente, húmeda. El aire espeso me ahogaba.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Tres jetones más. Seis minutos de paz. La escena: una rubia sirviendo a tres obreros. Puta, pensé. Mano en el culo, besos, blusa abierta. Sus tetas al aire, sin bragas. Ellos desnudos, pollas duras. Ella de rodillas, chupando una, pajando otra. Yo ya tenía la mano dentro, dedo rozando el clítoris. Pulso acelerado, respiración entrecortada.
La rubia cabalga uno, chupa el segundo. El tercero le mete mano al coño. Mi braguita bajada a los muslos. Dedo dentro, hundiéndome. Jetones nuevos. Ruido a la derecha. Golpecito en la pared. Giro la cabeza. Un agujero, cinco centímetros. Y de él, sale una polla erecta. Gruesa, venosa, palpitante.
El miedo me paraliza un segundo. ¿Huir? No. El deseo gana. Sigo masturbándome, dedo adentro, lento. La miro. La toco. Piel caliente, suave. La envuelvo con la mano. Arriba y abajo, torpe al principio. Maladroite, excitante. Late en mi palma. Mi coño palpita igual. Dos manos ahora: una en mí, profunda; otra en él, firme.
El instante: contacto brutal y explosión sensorial
A la pantalla no miro ya. Solo esa polla anónima. La meneo más rápido. Mi orgasmo sube como una ola. Piernas tensas, muslos apretados. Dedos atrapados en mi coño chorreante. No suelto la polla. Él gime al otro lado. Acerco la boca. Labios abiertos. La engullo. Sabe a desconocido, a sal, a vicio.
Él empuja. Cara contra la pared. Me folla la boca. Duro, profundo. Gárgaras ahogadas. Mi clítoris late aún. Él tiembla. Saco la lengua, lamo la punta. Demasiado tarde. Explota. Chorros calientes en mi cara, boca, mejillas. Trago lo que entra, el resto gotea. Rale de placer al otro lado.
‘ Dame tu polla, quiero chupártela’. Voz de tío. ¿Un maricón? Río por dentro. ‘Ya me he corrido’, digo grave. Se va. Pantalla: rubia cubierta de lefa. Yo, igual. Busco pañuelo. Nada. Mi braguita al suelo, la uso para limpiarme. Salgo sin ella, falda corta, coño al aire. Viento fresco en la piel mojada.
De vuelta al local. Miradas de tíos. Me excitan. Paso por los gadgets. Dudo. Un vibrador, negro, grueso. Lo cojo. Recuerdo esa polla. Pago, salgo. Corazón aún acelerado. Inocencia rota. Mundo nuevo abierto. Cada noche, fantaseo con agujeros en la pared.