Hacía un calor infernal todo el día. Léa y yo, sudados, shorts y camisetas pegadas al cuerpo, terminamos de llenar la remolque en el garaje. Midi. La dechetterie abre a las dos. Duchas urgentes. Pero ella propone un aperitivo. Sus ojos brillan. Se pone pompette rápido. Libera impulsos salvajes.
—Voy a ducharme, pero no me visto yo. Tú eliges —dice, señalando su ropa húmeda. Mi corazón late fuerte. Es la señal. La primera vez que la oigo así, clara. Saco su vestido azul ligero, todo abotonado. La ayudo bajo la ducha. Manos en jabón, caricias en su piel. La seco. La visto despacio. Desabrocho poco. Escote sutil, abertura en muslos. Se sirve otro trago. Sonrisa pícara.
La aproximación: espera tensa y deseo incontrolable
Foto. Coche. Doce kilómetros. Ella conduce. Salimos del pueblo. Le desabrocho abajo. Abro la tela. Toque su vello, su coño tembloroso. Arriba. Botones. Ombligo. Hombro izquierdo. Teta orgullosa salta. —¡Estás loco, nos ven! —grita, pero sus ojos suplican: ¡sí, más! Igual al otro lado. Tetas al aire. Coño expuesto. Fotos. Rueda giratoria. Se sonroja carmesí. Mordisquea labios. Mano en su coño, masajeo clítoris. Otra en tetas, pellizco pezones. Respira jadeante. Baja pelvis a mis dedos.
—Adoro pajearte al volante… Tus tetas me ponen la polla dura. Su mano derecha aprieta mi erección. Pueblo a 30. —Quítatelo todo. Desabrocho últimos botones. Velo atrás. Desnuda total. Dedos en coño empapado. Cruza el pueblo. Ojos desorbitados. Boca seca. Campagna. Viento por ventana. Fotos. Se acerca la dechetterie.
—Elige cuatro botones. Nada más. Vuelve orden. Baja del coche. Vestido decente de lejos. Cerca, muslos, vello asoman. Tetas juegan al escondite. Está violeta. Excitación palpable. Un viejo cerca mira discreto. Galante. Le pido ayuda a Léa. Brazos extendidos. Baguette rota engancha tela. Sube. Muslo desnudo hasta coño. Vello visible. Él devora. Yo lento, alargo. Ella tira en benne. Tela baja. Regresa sonrojada, ojos brillantes de éxtasis.
El clímax y la huella indeleble
Viejo espera. Abro puerta trasera entre coches. —Limpia un poco. Se inclina. Echo tela. Muslo, nalga, culo entero. Piernas abiertas. Dedos en raja húmeda. Empleado viene. Rápido. Decencia. Gracias al viejo. Salimos. Inclinamos asiento. Pie en tablero. Piernas abiertas. Coño al aire. Tetas fuera. —Tócate. Pajéate. Ralentizo. Camiones. Luces. Esperanza de miradas. Raccourci. Más kilómetros. Exhibición.
Feu rouge. Nada. Tractor con remolque. Hombre atrás. Ralentizo. Él mira. Se posiciona. —Pajéate fuerte. Dedos locos en coño, tetas. Abre ojos. Vergüenza. Rabia. —¡Doble! Pero ojos piden más. —Muéstrale todo. Abre. Piernas en tablero. Ecartelé. Dedos violentos. —Mírame, voyeur. Te pongo cachondo. Él rojo, boquiabierto. Doblo. Casa. Salta sobre mí. Capó. Me folla bestial.
—Tienes huevos —dice después, mutina—. ¿Cuándo repetimos? Nunca más tractor así. Aquella primera vez rompió todo. Inocencia ida. Ahora, el riesgo es adicción. Corazón acelerado aún al recordarlo. Placer visceral. Nuestra marca eterna.