En la cocina, el corazón me latía a mil. Ophélie acababa de volver del garaje, meneando ese culito perfecto. Ludovic estaba arriba, bajo la ducha. El agua corría. Yo no aguantaba más. Saqué la polla, tiesa como una barra, y empecé a pajearme delante de ella. Sus ojos se clavaron en mi verga nervuda, curvada a la izquierda. ‘¡Guarda eso ahora mismo!’, dijo, pero no se movía. Sonreía. El pulso me retumbaba en las sienes. Sudaba. Miedo a que bajara su marido. Deseo de follarla desde el primer día que la vi. Sus provocaciones: culottes en el baño, falditas cortas, strings asomando. Hoy, no había marcha atrás. ‘Me la meneo aquí, frente a ti. Eres demasiado sexi’, le solté. Ella se apoyó en la encimera. No huía. Le pedí ver su sujetador. Dudó. Desabotonó la blusa. Azul eléctrico, translúcido. Pezones duros. ‘¡Joder, qué tetas!’. Se giró, juguetona. Mi mano volaba sobre la polla. El miedo se mezclaba con la excitación. ¿Y si oía algo? Pero su mirada me animaba. Le pedí las nalgas. Levantó la falda. Globo blancos, string azul separándolos. Perfecto. Se volvió. La touffe espesa bajo el hilo. Labios hinchados. Mi verga palpitaba. No paraba. ‘¿Te gusta exhibirte?’, pregunté. ‘Tal vez…’. El vello de la nuca se erizaba. Sabía que íbamos a cruzar la línea.
Ella suspiró, se acercó. Sus dedos finos agarraron mi polla. Temblé. Calor eléctrico. Empezó a pajearme, hábil. ‘¿Contento?’. ‘¡Mi fantasme!’. Se sentó en la silla. Cara a la altura de mi glande. Lengua en los labios, rosados, húmedos. Lamía despacio. Provocante. ‘¿Quieres probar?’. Rozó el méat con la punta. ¡Hostia! Casi me corro. Luego, engulló. Boca caliente, suave. Chupaba con ganas. Jugaba con las bolas. Paradís. Me controlaba a muerte. Paró. ‘¡Date prisa!’. ‘Me retengo para disfrutar’. Volvió a mamar. Froté su string. Se tumbó en la mesa. ‘Solo el string’, advirtió. Deslicé la polla sobre la tela. Húmeda. Olía a ella, a coño excitado. Aparté el hilo. Touffe negra, labios abiertos, brillantes. Masajeé el clítoris con el glande. Gimió bajito. Ojos cerrados. Mordía labio. Empujé. Entró el capullo. Respiró hondo. Más adentro. Calor envolvente. Pistoneé suave. Luego fuerte. ‘¡Cabronazo! ¡Fóllame!’. Piernas alrededor. Labré su coño. Tetazas bajo el sujetador. ‘¡Me encanta tu polla!’. Palabras sucias. Temblaba. Orgasmos la sacudió. Gritó ahogado. Me corrí dentro, vaciándome todo. Explosión brutal. Sensaciones nuevas: su interior apretándome, mi semen llenándola. Primera vez real con ella. Puro fuego.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
El agua paró arriba. Salto. Essuie-tout. Limpiamos rápido. ‘¿Estás limpio?’. ‘Test hace quince días. Solo tú’. Mentira piadosa. La abracé. Caderas suaves. ‘Vuelvo martes, a tu dormitorio’. Beso. Pasiva, pero no rechazó. Salí. Corazón aún acelerado. Alegría inmensa. Fin de inocencia con esta puta caliente. Ya no era solo miradas y pajas. Había follado a la mujer casada. Culpa mínima, placer máximo. Caminé a casa vacío pero lleno. Esperaba más. Series de polvos. Su marido, un idiota. Yo, su amante secreto. Vida nueva. Horizonte abierto. Nervios convertidos en adicción.