En la habitación del hotel más elegante de la ciudad, el corazón me latía con fuerza. Había reservado todo: sábanas de lujo, vistas al skyline. Me preparé con mimo. Baño caliente, crema por todo el cuerpo. Me afeité el coño y el culo hasta dejarlo liso, como leí en una revista para que fuera perfecto para el oral. Lencería fina, sujetador y tanga a juego, medias hasta el muslo, tacones altos. La falda ligera. Condones en el bolso. Llegué antes, como acordamos. Me senté en la cama, piernas temblorosas. Nervios. ¿Y si duele? ¿Y si no me gusta? Pero el deseo ardía. Recordaba las charlas con mi marido, los fantasmas que nos excitaban. Esto era real. Golpean la puerta. Él entra. Ojos hambrientos. Me abraza fuerte. Beso profundo, lengua invadiendo. Manos por mi espalda, bajando la cremallera. Mi vestido cae. Quedo en lencería y tacones. Me quita el sujetador, acaricia pechos. Al bed. Le bajo los pantalones. Sus dedos en mi tanga, rozan clítoris. Estoy empapada. Le saco la polla del slip, dura, palpitante. La masturbo mientras él me mete un dedo en el coño.

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Sus labios en mis tetas, lengua juguetona. Baja al clítoris, chupa suave. De repente, se gira. Sesenta y nueve. Su polla sobre mi cara. No resisto, la engullo. Sabe salado, excitante. Su lengua va de clítoris a coño, a ano. Gracias a Dios me afeité. Me corro fuerte, temblores. Él se aparta, no quiere acabar. Capote puesto. Se mete entre mis piernas. Lo guío. Entra despacio. Llenándome. Nos miramos. Empujo para sentirlo todo. Acelera, ruge al correrse. Nos quedamos pegados, sudados.

La Espera y la Tensión Inicial

Juego con su lengua, bajo a su polla. La chupo hasta que revive. Nueva capote. A cuatro patas. Me folla por detrás, dedos en clítoris. Otro orgasmo. Champagne olvidado. Lo sirvo, desnuda ya, sin tacones ni medias. Me monto encima. Yo marco ritmo, lento a rápido. Lo hago correrse.

El Instant de Descubrimiento y la Huella Eterna

Más champagne. Lo cojo en boca, frío, sobre su polla en sesenta y nueve. Él lame coño y ano. Para. Me pone a cuclillas. Levanta nalgas. Lengua en mi ano. Zona tabú, pero excito tanto que dejo. Dedo reemplaza lengua. Entra un poco. Masajea. Dos dedos, tres, cuatro. Clítoris con la otra mano. Siento vacío, oigo condón rasgado. Pienso: no, a los 45 no me van a enculiar. Pero empuja contra ano. Suave. ‘Cuando entro, empuja como si cagas. Cuando salgo, retén’. Obedezco. Duele al inicio, pero relaja. Ritmo crece. Dedos en clítoris. Empiezo a correrme, analgásico placer nuevo. Él ruge, agarra nalgas, azota. ‘Desde que veo tu culito en la oficina, soñaba esto’. Sale.

Quedé jadeante. Culo ardiendo, pero placer inmenso. Primera sodomía. A los 45. Rompí tabú. Inocencia anal perdida. Adoré cada segundo. Corazón aún acelerado. Ahora todo cambió. Esa tarde abrió horizontes prohibidos. Sensaciones brutas, malabares nerviosos convertidos en éxtasis. No hay vuelta atrás.

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