Me despierto en la oscuridad del viejo museo, con el viento aullando y la lluvia azotando las ventanas. El cuerpo me arde, una erección brutal me duele contra las sábanas. Hace meses que no siento esto, no desde el maldito vaudou. Marie se desliza bajo las cobijas, su culo choca contra mi muslo. La enlazo por detrás, planto mi verga dura entre sus nalgas desnudas. Late mi corazón como un tambor. ¿Es ella? Huele a deseo, a piel familiar, pero hay algo nuevo, prohibido. No hay marcha atrás. Mi mano sube por su cadera, suave, tibia. Quiero sus tetas, pero ella la detiene, la pone de vuelta en la cadera. Nervios me recorren la espina. ¿Y si es un sueño? No, es real. Agarro su mano, la fuerzo a mi polla. Sus dedos la envuelven, suaves, me masturban lento. El pulso se acelera, sudor en la nuca. Ruedo sobre ella, le arranco el tanga. Gime contra la almohada. Bajo, beso sus nalgas, muerdo la carne redonda. La lengua lame su ano salado, lo penetro profundo, abriendo sus cachetes con los pulgares. Se retuerce, abre las piernas, bombea el culo. Late furioso mi pecho, excitación del desconocido. Ataco su coño: muslos internos primero, labios mayores hinchados, los chupo, estiro. Dedos en su vagina empapada, tres adentro, agitándolos. Ella se toca el monte, yo alterno lengua en ano y raja. Explota: su pelvis tiembla, líquido chorrea. La pongo de rodillas, empuño sus caderas, hundo mi verga hasta las bolas. La follo fuerte, dientes apretados, placer salvaje. Se aplasta boca abajo, yo encima, más profundo. Muerdo su nuca, atrapo sus muñecas, embisto como loco. El slap de mi vientre contra su culo ahoga la lluvia. Grito ahogado suyo me enciende. El orgasmo sube, bolas se contraen, semen chorrea dentro. Caigo exhausto, beso su mejilla. ‘Perdón, tenía demasiadas ganas, Marie’. Hum, responde. Me retiro, ruedo, duermo.
La mañana llega con erección matutina épica. La enlazo de nuevo, verga entre nalgas, mano bajo el t-shirt a sus tetas. Pequeñas, firmes. ¿Pequeñas? Marie tiene más. Palpo, pezones duros. ‘No te gêne pas, Paul’, dice. Voz de Marie-France. ¡Joder! Retiro la mano. Ella ríe, saca la cabeza: pelo revuelto, bella sin maquillaje. ‘¡Marie-France! ¿Qué haces aquí?’. ‘Te cuido, bebé. Frío en la otra habitación. Me saltaste encima anoche, ¡y cómo! Aún siento tu lengua en mi culo’. Risa nerviosa mía. Pensé era Marie. Ella se estira, tetas apuntan bajo la camiseta. Mi verga en su muslo. ‘Sé que soñabas conmigo. Todos lo hacen’. Se levanta, flash de su culo desnudo, vello negro, muslos finos. Corazón martilla: primera vez con ella, la intocable, la de Marie. Tabú roto. Ducha, desayuno en cama. Hablamos: polis buscan al bokor, Tahina llama, Dorine vino. Mano mía entre sus muslos. ‘Háblame de tus cerezas tatuadas en la nalga, antes de besarlas’. ‘¡Ya tieso otra vez, Paul!’. Deseo nuevo, inocencia ida. Adulto en placer prohibido.
La Tensión Prohibida
Quedó marca esa noche. Nervios del no retorno, explosión sensorial, fin de pureza. Marie-France, carne soñada, ahora real. Latidos eternos, piel grabada. Despertar visceral, horizonte abierto a lo salvaje.