Llegué a su apartamento un martes al mediodía. Después del almuerzo rápido, el corazón me latía fuerte. Subí las escaleras, las piernas temblando. Gilles abrió la puerta, sonrisa calmada. ‘Entra, Élodie’. Me quité los zapatos, como siempre. El aire olía a él, a madera y algo prohibido. Me senté en el sofá, manos sudadas. Él trajo agua. ‘¿Lista?’. Asentí, pero el estómago se me revolvía. Nervios. Deseo. Miedo a fallar. Hablamos poco. Sus ojos me perforaban. ‘Confía en mí’. Me vendó los ojos con una seda suave. Oscuridad total. Mi pulso acelerado. Sentí su aliento cerca. No hay vuelta atrás. Lo supe ahí. Mi cuerpo ardía, la entrepierna húmeda ya. Respiraba corto. Él me guió al dormitorio. La cama crujió bajo mi peso. Manos atadas flojas a la cabecera. Vulnerable. Excitada como nunca. Esperé. Segundos eternos. Cada roce de aire erizaba mi piel.

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Sus dedos rozaron mi cuello. Primero suave. Luego firme. Bajó el tirante de mi blusa. Pezón expuesto. Lo pellizcó leve. Gemí. Corazón desbocado. ‘Shh’. Me quitó la falda despacio. Bragas empapadas. Las olió. ‘Hueles a deseo’. Vergüenza y placer. Me abrió las piernas. Dedos en mi clítoris. Circular. Lento. Nunca así. Mi cadera se arqueó sola. Maladroite, torpe, pero viva. Entró un dedo. Luego dos. Curvados. Tocó ese punto. Explosión. Grité. Orgasmo primer con otro. Líquido brotó. Squirt. Mojé las sábanas. Él lamió. Lengua experta. Chupó mi néctar. Piernas temblando. ‘Más’. Penetró con algo frío. Mi god. Lo movió. Profundo. Ritmo. Sudor. Gemidos ahogados. Mi virginidad sexual rota. Primera vez real. Sensaciones brutas: plenitud, estiramiento, olas.

La Aproximación

Después, jadeante. Venda quitada. Él sonriendo. ‘Bien, mi sumisa’. Abrazó mi cuerpo laxo. Beso tierno. Lágrimas. Fin de inocencia. Ya no virgen en placer. Marcada. Adulta. Cada latido recordaba: crucé el umbral. Nervios convertidos en adicción. Su huella en mi piel, en mi alma. Caminé a casa flotando. Dolor dulce entre muslos. Sabía: volvería. Esa primera vez abrió puertas. Nerviosa, cruda, mía.

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