En aquel gran parque público, con su bosque espeso y lagos entrelazados, empezó todo. Después de un día duro en el trabajo, sin bragas bajo la falda por primera vez. Elegí esa ropa por la mañana, sabiendo que iríamos allí. El corazón me latía fuerte al salir de la oficina, el aire fresco rozando mi coño desnudo. Nervios. Excitación. ¿Y si alguien nota? Mi marido me esperaba en el coche, sonriente. Caminamos de la mano, como novios, esquivando corredores y ciclistas. El sol tibio, el olor a hierba. Buscamos un rincón apartado, bajo un árbol. Nos tumbamos. Mi cabeza en su pecho. Sus dedos en mi pelo. Besos suaves que se vuelven hambrientos. Le desabrocho la camisa, beso su torso, muerdo sus pezones. Bajo más. Mi mano en su polla, dura bajo el pantalón. La saco. La chupo. Primera vez así, al aire libre. Él gime, se retuerce. Pero se aparta. ‘¡Gorda guarra, espera a casa!’ ‘¡Admite que te gusta!’ Discutimos juguetones. Le cojo la mano, la meto bajo mi falda. ‘¡Mira, empapada! ¡Y sin bragas!’ Sus ojos como platos. ‘¿Fuiste al trabajo así?’ ‘Sí, primera vez.’ No me cree. Me niega las caricias. Me levanto boudeuse, intento tocarlo. Me da una palmada en el culo. ‘¡Azótame, soy mala!’ Insisto. Él resiste. Caminamos. Yo lo manoseo, pellizco su culo, meto la mano en su pantalón. Veo gente lejana, paro. Luego sigo. Su erección traiciona. ‘¿Resistirás hasta casa?’ Él fanfarronea. Veo un rostro en los arbustos. Un voyeur. Nos sigue. ¿Vio mi falda alzada? ¿Mi coño expuesto? El pulso se acelera. Idea loca. ‘Otros matarían por tu lugar. Fóllame aquí.’ Él duda. Cedemos. Nos adentramos en el bosque. Más condones usados en el suelo. Rincón perfecto, rodeado de matorrales. Él se anima. Besos fieros. Lo tumbo. Chupo su polla de nuevo. Dura, palpitante. Primera vez con público. Brindo. El voyeur mira. Lo noto. Sigo, lamiendo, mamando. Él suspira, acaricia mi pelo. Mi coño chorrea. ‘¡Quiero montarte!’ Me levanto, falda arriba, culo al voyeur. Me empalo. Fácil, lubricada. Cabalgo salvaje. Él saca mis tetas, las amasa. Grito bajito. Rodéo brutal. Quiero todo. Mi placer explota. Vague de éxtasis. Su semen caliente me llena. Colapso sobre él. Tiemblos. Paz. Limpio su polla flácida, semen goteando de mi coño, visible al bosquete. El voyeur se fue, presumo. Caminamos de vuelta, manos entrelazadas. Él susurra: ‘Te excita exhibirte.’ Sé que nos vio. Primera vez así. Mi inocencia rota. Ahora anhelo más. Aquel parque abrió puertas. Nervios convertidos en adicción. El voyeur, testigo silencioso de mi despertar.

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