En su taller, junto a las grandes ventanas que miraban al mar. La luz del traict del Croisic se colaba, dorada y salada. Yo, desnuda con solo la toalla sobre los hombros. Él sacó el retrato. Su esposa muerta. Me quedé helada. Era yo. Pechos planos, hombros finos, ojos casi dorados. El corazón me latía fuerte. Demasiado parecido. Respiré hondo. Él sonrió, nervioso. ¿Sientes lo mismo? Sí, balbuceé. El aire se espesaba.
Me ofreció café. Mientras lo preparaba, propuso fotos. Para pintar de nuevo su imagen en mí. ¿Por qué no? Estaba desnuda ya. Tomó la cámara. Me guió. Rodilla en el sillón, espalda arqueada. Una pierna al suelo. Clic, clic. Sus ojos devoraban. Yo temblaba. Piel erizada. No era solo posar. Su mirada quemaba. Me sentía expuesta, vulnerable. Pero un cosquilleo subía por el vientre. Desconocido. Prohibido. Él se sentó. De repente, lágrimas. Se derrumbó. Yo, aún de rodillas, dubitativa. No quería herirlo más. Me acerqué. Tomé su mano grande, callosa. Abrió los brazos. Apoyé su cabeza en mi hombro. Lloraba fuerte. Mojaba mi piel. Se apretó. Caí en sus rodillas, frente a él. Cara en mi cuello. Manos en caderas. En flancos. Grandes manos. Cubrían todo. Su aliento caliente. Frío en la nuca. Me erizaba. Lengua en la unión del hombro. Subiendo. Grité bajito. Intenté apartarme. Aún un poco, suplicó. Misma piel, mismo sabor. Lengua en garganta. En pecho. Seis diminutos, hipersensibles. Los chupó. Uno, otro. Rayos al clítoris. Vientre tenso. Espalda sudada. Entre piernas, su polla dura. Contra mi coño. Deslizándose en labios mayores. Frotando el botón. Corazón desbocado. No podía parar.
La Aproximación: Tensión en el taller
Me pidió dejarme hacer. Su mujer no iniciaba. Quería su abandono en mí. Pánico. No quería follarlo. Pero mi chocho chorreaba. Glande en la entrada. Temblaba. Él, fuerte, cuarentón, como un oso. Empujó. De golpe. Beurre. Grité. Orgasmo instantáneo. Piernas flojas. Se levantó, empalada. Enrosqué piernas en su cintura. Agarrada a su cuello. Caminó a la habitación. Se sentó en la cama. Rodamos. Él encima, misionero. Beso primero. Boca invasora. Lengua profunda. Me folló duro. Tres polvos más. Se corrió dentro. No se ablandó. Me volteó. A cuatro. Profundo. Como en una brocheta. Ternura y brutalidad. Gemí sin control. Sangre en cabeza. Rojo en pechos, cuello. Otro clímax. Cuerpo mío, no mío. Descubrimiento brutal. Placer animal. Desconocido.
Después, calma. Dije que debía irme. Me acompañó a la playa. Beso en mejilla. Gracias, no te olvidaré. Volví a nuestra toalla. Seca, temblorosa. Me bañé. Agua fría borraba semen, sudor. Pero no la marca. Regreso a la inocencia rota. Sabía que había cruzado. No era la misma. Cuerpo despertado a impulsos salvajes. Miedo y euforia. ¿Qué valor tenía ahora mi amor? Esa primera vez, nerviosa, torpe, me abrió al abismo. Adulta de golpe. Marcada para siempre.