En la habitación de los abuelos, acostada junto a Hélène. El aire cálido de junio pegaba las sábanas a mi piel. Mi corazón latía desbocado. Ella, mi prima mayor, desnuda como siempre. Sus pechos firmes, su coño depilado reluciente bajo la luz tenue. Yo, tímida a los diecisiete, fingía dormir. Pero esperaba. Sus caricias de la noche anterior me habían sacudido. Un orgasmo que me dejó temblando.
Hélène se gira. Su mano roza mi muslo. Sube lenta. Mi respiración se acelera. Miedo. ¿Y si Jean se entera? Prometí esperarlo. Pero el deseo quema. Sus dedos encuentran mi clítoris. Lo masajea con maestría. Gimo bajito. Piernas abiertas sin querer. Ella ríe suave. ‘Relájate, prima. Eres mujer ahora’. Su lengua lame mis pezones. Duros como piedras. Mi cuerpo arde. Quiero más. Pero oigo pasos en la escalera. Dave. Su novio. El estómago se me revuelve. Pánico. Excitation.
La aproximación: miedo y deseo entrelazados
La puerta cruje. Dave entra. Polla enorme, tiesa. Me paralizo. Hélène me besa. ‘Quédate. Verás cómo se hace’. Me pone a cuatro patas. Cabeza entre sus muslos. Lamo su coño húmedo. Salado, dulce. Ella gime. Dave se acerca. Su glande roza mi cara. Grande. Venoso. Huele a hombre. Hélène empuja mi cabeza. ‘Chúpalo un poco. Ayuda’. Abro la boca. Tiemblo. Entra. Desliza sobre mi lengua. Hasta la garganta. Tos. Lágrimas. Pero no paro. Él gime. Sale. Vuelve a follar a Hélène. Yo miro de cerca. Fascinada. Asustada.
Me voltean. Entre ellos. Dave detrás. Su polla contra mis nalgas. Caliente. Dura. Hélène guía mi mano. ‘Tócalo’. Lo agarro. Más grueso que el de Jean. Late. Froto. Placer sube por mi vientre. Mi coño palpita. Mojado. ‘Ponlo en tu rendija’, susurra ella. Obedezco. Cabeza contra mi entrada. Corazón en la garganta. Dave empuja. Lento. Resistencia. Duele. ‘Para’, pienso. Pero callo. Algo cruje. Lágrima. Entra. Ecarta mis paredes. Lleno. Completo. Grito ahogado. Mal. Bueno. Sus caderas contra las mías. Inmóvil. Hélène acaricia mi clítoris. Ondas de placer. Gimo. Muevo cadera. Él empieza. Ritmo suave. Profundo.
El instante: contacto brutal y éxtasis
Aceleramos. Sudor. Resuellos. Mi cuerpo responde. Olvido promesas. Soy puta. Soy viva. Hélène besa mi boca. Dave embiste. Fuerte. Profundo. Orgasmo viene. Explosión. Convulsiono. Él sale. No corre. Va a Hélène. La pone a cuatro. La penetra por el culo. Ella grita placer. Él eyacula. Gruñe. Se va. Yo, jadeante. Hélène me abraza. ‘Bienvenida, mujer’.
Después, silencio. Culpabilidad me invade. Traicioné a Jean. Lágrimas calientes. Pero siento poder. Mi coño duele. Late. Soy adulta. Inocencia rota. Para siempre. Al día siguiente, sonrío a Hélène. Quiero más. Esa noche, llamo a Dave. Orgasmo real. Grito. Una semana así. Luego, fin. Vuelvo virgen falsa con Jean. Pero sé. El placer lo guío yo. Hélène nos dio alas. Ahora, en nuestras bodas de estaño, lo confieso. Y follamos recordando.