Al borde de la piscina, el sol abrasaba mi piel desnuda. Emmanuelle y yo, transats cercanos, charlábamos de amores pasados. Mi corazón latía fuerte. Nervios. Sudor no solo del calor. Hervé acababa de llegar, su torso bronceado me recordaba la noche anterior, espiándolos nus. Pero ahora, era ella. Emmanuelle. Sus pechos pequeños, puntiagudos, brillaban con aceite. Yo la masajeaba el espalda, manos temblorosas en su piel suave. Olía a coco y deseo. ‘¿Palabras en el aire?’, susurró. Mi pulso se aceleró. Sabía que no retrocedería. Tres deseos. El primero: conocer a Hervé… en detalle. Pero el segundo… ella. Mi vago anhelo lésbico, ese cosquilleo ambiguo desde el ascensor, cuando la abracé, desabroché su blusa, vi sus pechos agitarse. Miedo. Excitación. ¿Y si era real? Sus ojos verdes me atrapaban. No hay vuelta atrás.

Sus labios se acercaron. Primer contacto. Suaves, calientes. Mi boca se abrió torpe, lengua insegura rozando la suya. Sabor dulce, a cóctel y saliva. Corazón desbocado, pezones duros. Sus manos en mi nuca, tirando suave. Gemí bajito. Nervios explotando en chispas. Sus pechos contra los míos, pequeños pero firmes, rozando. Bajé la vista: su coño depilado, húmedo bajo el bikini. Manos mías, maladestras, bajando por su vientre. Temblaba. Ella guió mi mano. Dedos en su raja resbaladiza. Calor. Humedad. Clítoris hinchado. Lo rocé, ella arqueó. ‘Sí, Marion…’. Primera vez tocando a una mujer así. Mi coño palpitaba, jugos bajando por muslos. Hervé mirando, polla dura en el pantalón. Pero era ella. Lengua en su boca, succionando. Mordida leve en labio. Sus dedos en mis tetas, pellizcando pezones. Explosión. Sensaciones nuevas: suavidad femenina, sin rudeza masculina. Gemidos míos, ahogados. La besé el cuello, bajé a pechos. Lengua en pezón rosado. Duro, salado. Chupé fuerte, ella jadeó. Manos en su culo perfecto, apretando. Mi inocencia se quebraba. Desnuda total, ella me abrió piernas. Dedo en mi coño, frotando clítoris. Grité. Primera lengua suya ahí, lamiendo lento. Electricidad pura. Orgasmo subiendo, incontrolable.

La aproximación: Tensión al borde de la piscina

Después, el vacío dulce. Cuerpos entrelazados, piscina testigo. Mi piel ardía, marcada por sus uñas leves. Ya no era la misma. Inocencia rota, pero renacida en deseo libre. Hervé me folló después, su polla gruesa llenándome, pero el verdadero quiebre fue ella. Caminé a la voiture, piernas flojas, coño adolorido de placer. Sonrisa secreta. Fin de niña, inicio de mujer voraz. Aquel beso, aquel roce, abrió horizontes. Ahora, todo vale. El taboo se disolvió en éxtasis. Madurez carnal. Nervios convertidos en adicción. Regreso al trabajo, miradas con Emmanuelle cargadas. Promesa de más. Mi primera vez con una mujer: nerviosa, cruda, inolvidable.

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