El chirrido de la puerta de la habitación de invitados sonó como un gong. Fin de un mundo. Inicio de otro. El olor era distinto: lavanda empalagosa, tabaco rancio de Thomas. No era nuestra cama, con el aroma de Marc, mis cremas, nuestra vida. El lecho impecable. Estéril. Terreno para infidelidad consentida.

Thomas frente a mí. Su erección obvia, expuesta. Sus ojos me devoraban en la penumbra. La miedo se fue. Curiosidad eléctrica lo reemplazó. ¿Cómo sería? Su boca, manos, cuerpo. ¿Más suave? ¿Más brutal? Mi corazón latía desbocado. Sudor en las palmas. Sabía que no había vuelta atrás.

La Aproximación: Nervios y Deseo Prohibido

—¿Estás segura? —susurró, voz grave, ronca.

Asentí. Garganta seca. Su mano en mi cadera, borde de encaje negro. Pulgar girando lento, ardiente. Ojos cerrados. Sensación nueva. Mano más fina, larga que la de Marc. Presión distinta. Intención pura. Frío de lo desconocido.

Se inclinó. Beso no tímido. Exploración experta. Sabor a vino tinto, menta fuerte, hombre ajeno. Cuerpo responde. Manos en su torso. Músculos tensos, calor. Bien. Excitante. Observo desde arriba, catalogando diferencias.

Dedos desabrochan sujetador. Tela cae. Aire fresco eriza piel. Sus ojos en mis pechos. Admiración animal. Murmura halago. No oigo. Del salón, gemido ahogado. Femenino. Risa grave. Sophie. Marc.

Mundo gira. Curiosidad muere. Celos agudos, violentos. Imagen: mano de Marc en pelo rizado de Sophie, boca en su piel, cuerpo sobre el suyo. Dolor físico. Aliento cortado.

Thomas ya no aventura. Barrera contra mi marido. Lo poseía ahora. Me tenso. Él nota. Se para.

—¿Estás bien?

Sonrío falsa.

—Sí. Nerviosa.

Lo atraigo. Urgente. Busco olvido en su beso. Activa, agresiva. Devoro su boca. Manos en espalda. Quiero que borre imagen. Pero gemidos de Sophie, veneno. Cada uno, puñalada.

Sé: no estoy lista. Solo quiero a Marc.

Termina. Bien. Técnico, hábil. Pero vacío. Soledad. Me visto rápido. Evito su mirada.

—Debo irme.

Él asiente. Silencio.

Abro puerta. Escena: Marc en sofá, torso desnudo, copa en mano. Sophie acurrucada, cómplice. Puñalada peor.

Marc me mira. Ojos salvajes. Depredador. Me desnuda con mirada. Se levanta. Ignora a Sophie. Frente a mí. Huele a sexo, sudor de ella, y suyo. Choque.

Mano en pelo, tira suave, autoritario. Otra en cadera, donde Thomas tocó. Reclamación.

El Instante y la Huella: Descubrimiento Brutal

—Nos vamos —gruñe, voz vibrante en mi vientre.

Me lleva a nuestra habitación. Mano firme. Docil, sigo. Espera vibrante.

Clava puerta. Nuestro olor. Santuario. Me empuja contra madera. Manos a lados de cabeza.

—Cuéntame —ordena.

—No. Tú primero.

Sonrisa cruel.

—Ella gozó gritando mi nombre. Sabe a fruta prohibida. Pero tú…

Rasga vestido. Tela cede. Besos en cuello. Dientes marcan. Desnuda.

—¿Aquí? —mano en pecho.

Niega.

—¿Aquí? —dedos en humedad.

—Sí —jadea.

—Te borro cada rastro.

Me lleva a cama. Posee salvaje. No amor. Reclamación. Cada caricia, castigo y bendición. Confieso. Usa detalles para hacerme gozar más. Grito su nombre. Imagen de Thomas quema.

Caemos exhaustos. Miradas unidas. Sonrisa suya, salvaje.

—¿Cuándo repetimos?

Río. Juego nuevo. Nuestro.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *