En la habitación del hotel en Marruecos, el aire espeso huele a sexo y anticipación. Cena tensa. Anne y yo, calladas, miradas cómplices. Los hombres, ansiosos, mordieron el anzuelo. ‘Obedeceremos como esclavos’, prometieron. Subimos. Corazones latiendo fuerte. Mío, desbocado. Empujo a Nathan al cama. Me monto. Su polla gruesa me llena el coño de golpe. Jadeo. Dura, caliente, me estira. Anne me empuja hacia adelante. Mis tetas rozan su pecho. Chupo su pezón. Gime. Manos en mis nalgas. Separan. Dedos húmedos tocan mi ano. Temblor. Miedo. ¿Dos? Imposible. Pero lo quiero. Lo planeamos. Pulso acelerado. Sudor frío. No hay marcha atrás. Anne guía la polla de Augusto. Contra mi culo. Presiono labios. Relájate, me digo. Primera vez así. Recuerdo mi primera sodomía. Dolor dulce. Empuja. Ouch. Esfínter resiste. Luego cede. Desliza. Lento. Millímetros. Lleno total. Dos pollas en mí. Rivalizan. Presión brutal. Vientre ardiendo.