El tren se averió. Perdí la conexión. Tres horas muertas en esa estación de mierda. Corazón latiendo fuerte, busco un café. Entonces la veo. Silueta perfecta. Piernas enfundadas en medias verdes sedosas, con motivos amarillos como flechas: ^ ^ ^ subiendo, invitando la mirada bajo su falda. Me quedo clavado. Como un crío. Deseándola. Miedo a que me pille.

Quince minutos así. Ella saca el móvil. Sonrisa se congela. Cuelga, enfadada. Se acerca. ‘Te veo dando vueltas. ¿Buscas algo? Puedo ayudarte.’ Balbuceo: ‘Un café.’ ‘Si me invitas, te muestro un sitio mejor que esta estación.’ Corazón en la garganta. ‘¿Sí o no?’ ‘Sí.’

La Aproximación: Espera, Miedo y Deseo Irresistible

Camina delante. Hotel lujoso a diez minutos. Me cuenta: vive aquí, vino por un amigo que la dejó plantada. Nos sentamos en la barra. Cafés. Hablamos tonterías. Ciudades, curro, viajes. Ella manda: ‘En la estación no parabas de mirar mis piernas.’ Rojo como tomate. ‘Los motivos… originales, estéticos.’ Pivota el taburete, roza sus piernas con las mías. Bajo la vista. Toco su rodilla. Temblando. ‘Suaves al tacto.’ ‘Me gusta cuando manos suaves las acarician así.’

Subo. Siguiendo las flechas. Bajo la falda. Llego al borde de las medias. ‘Te lo dije, ¿no?’ Ríe pícara. Se aparta. Baja del taburete. ‘Vuelvo ya.’ ¿La cagué? ¿Juega conmigo? No importa. Esta avería ya vale oro.

Vuelve sigilosa. Me mete algo en el bolsillo. ‘Regalo.’ Tacto de tela. Su tanga. ‘Sí, es mía.’ Crías se evaporan. Sonrisa. ‘Olvidé decirte: los baños de este hotel son increíbles. Mármol, cobre, luz tenue.’ Se levanta. Va.

Pago. Voy. Pasillo vacío. Entro en señoras. Cabina iluminada, puerta entreabierta. Cierro. Quiere silencio. Me arrodillo. Ante ella, sentada en la tapa.

Manos en medias. Besos. Abarca muslos. Separa piernas. Piel desnuda, caliente. Olor íntimo, excitante. Dedos en labios. Se abren. Lengua lame néctar. Encuentro clítoris. Chupa suave. Gemidos.

Se pone de pie. Pie en tapa. Falda arriba. Cuádriceps abiertos. Lengua y dedos bailan: clítoris, coño chorreante, raja de culo. Ondula cadera. Toco ano. Elástico, succiona dedo untado. Dos en coño, uno atrás, lengua en clítoris. Corre. Trago todo.

El Instante y la Huella: Descubrimiento Brutal y el Fin de la Inocencia

Me desnuda. Quita falda. Guêpière preciosa. Tetas firmes. ‘Me preparé para él.’ ‘¿El amigo?’ ‘Sí. Pero es un extra. Casado. Me visto para nada. Quiero venganza. Follar.’ Me sienta. Se monta. Guía polla en coño empapado. Fondo. Vaivén. Tetas en cara. Libero pezones. Chupo, muerdo. Duros. Sensibles.

Manos en nalgas. Dedo a ano. Gime. ‘Coño muy mojado, no sientes.’ Se gira. Espalda. Guía a culo. Glande entra. Baja despacio. Fondo. Brazos rodean. Dos dedos en coño, izquierda en tetas. Ella toca clítoris.

Empala, desempala. Acelera. Yo sigo ritmo. Respira agitada. Se tensa. Orgasmo aprieta verga. Eyaculo dentro.

Se levanta. Viste sin recolocar tetas. Salimos. Lavamos manos. Camino a estación.

‘Gracias. Genial. Pasearé así: pezones rozando falda, aire en coño y culo desnudos, tu leche dentro.’ ‘Gracias a ti. ¿Nos vemos?’ ‘Quién sabe. Sigue mis pasos en tu mente. Soy Aurore.’

Aquella primera vez. Inocencia rota. Corazón aún late recordándola. Mundo cambió en ese baño.

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