Entré en la ducha después de la playa. El agua caliente corría por mi piel desnuda. Aún sentía el sol en las nalgas, el roce de la arena. De repente, Mélanie aparece. Nuda. Sus ojos brillan como nunca. Mi corazón late fuerte. ¿Qué hace aquí? Dice que espera dos segundos. Pero abre la puerta de la cabina. Se pega a mí. Sus manos en mis hombros. Labios contra los míos. Intenta su lengua. Me resisto un poco. El vapor nos envuelve. Sus dedos bajan a mis tetas. Endurecen mis pezones. Abro la boca. Nos besamos con furia. El agua golpea nuestros cuerpos. Siento su coño contra mi muslo. Tibio, húmedo. Mi pulso se acelera. Miedo y ganas. No hay vuelta atrás. Esto va a pasar.

Me empuja contra la pared. Sus pechos aplastados a los míos. Suavidad contra suavidad. Una mano baja por mi vientre. Roza mis pelos púbicos. Llega a mi raja. Me acaricia el clítoris. Fuerte, experto. Gimo bajo el chorro. Piernas temblando. No es Helmut. Es ella. Una mujer. Mi cabeza gira. Pero el placer sube. Me tumba en el felpudo. Agua por todas partes. Boca en mis tetas. Chupa, muerde. Lengua en círculos. Pezones duros como piedras. Explosión. Orgasmo solo con eso. Convulsiono. Grito. Nunca así.

La aproximación: Temblores y deseo incontrolable

Me seca con ternura. Me lleva a su cama. Grande, blanca. Me acuesta. Juega con mis pelos. ‘Tan suaves’, susurra. Abro las piernas. Invitación muda. Sus dedos abren mis labios. Lengua dentro. Lamida lenta. Clítoris entre dientes. Un dedo, dos. En mi coño. Otro en el culo. Explora. Me crispa. Gimo en la almohada. Sube la presión. Controla. No deja correr. Punto G. Lo toca. Fulgor. Me corvo. Liquido sale. Éxtasis brutal. Estrellas en la cabeza. Ella sonríe. ‘Eres fontana’.

El clímax y la huella: De la inocencia al fuego eterno

Despierto sola. Piernas abiertas. Coño empapado. Vuelvo a la ducha. Cena fría. Luego, su habitación otra vez. Ahora yo. Chupo sus pezones. Los pinzo. Masseo. Baja a su coño. Guía mi cabeza. Vulva, clítoris, ano. Dedos dentro. Calor, humedad. Nos ponemos en 69. Lenguas trabajando. Placer mutuo. Sube. Ella gime primero. Yo sigo. Orgasmo compartido. Recogemos jugos. Nos besamos. Tragamos nuestra miel mezclada. Caemos dormidas.

Al día siguiente, todo cambió. Fin de la inocencia. Descubrí placeres que Helmut no dio. Mujeres sabemos. Subtil, intenso. No celos por sus hombres. Yo era su hembra. Naturismo abrió puertas. Ahora, vivo nuda, libre. Aquella primera vez con ella: nervios, latidos, explosión. Me hizo adulta. Sedienta de más.

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