Después de una noche agitada, salgo temprano. Camino nerviosa por las callejuelas de la pequeña ciudad. Vestida ligera: falda y blusa blancas. Medias color carne. Sin sujetador. Mis pechos se mueven libres, rozados por la brisa fresca. El corazón late fuerte.
Me siento en la terraza de un café. Desayuno. Recuerdo su invitación de ayer. No pienso ir. Observo a dos mujeres discutiendo. Una en traje azul, puritana. Otra en minifalda roja, sybarita. Me río imaginándolas invertidas. Me miran mal.
La Aproximación Nerviosa
Otro café. Camino más. Nueve en punto. Río pensando en su rabia. Estoy en su calle. Casualidad retorcida. Acelero el paso. Quiero desabotonar mi blusa antes de tocar. Me detengo. Temblor en el dedo. No sueno.
La puerta se abre. Un brazo musculoso me arrastra dentro. Violento. Caigo casi. Él sonríe triunfante. Cierra. ‘¿Café?’. No pregunto. Me da la taza. Se sienta en la cama. Yo de pie, torpe. Lo miro. Ojos blancos intensos. Me desnuda con la mirada. Me excita.
Bebemos lento. Silencio. Mis ojos bajan a su bragueta. Tensa. Erección enorme. Me mareo. Piernas flaquean. Corazón tam-tam. Taza tintinea. Me acerco al mueble. Luz solar me atraviesa. Se transparenta todo. Él respira agitado.
Desabrocho la blusa. Dedos torpes. Botones resbalan. Cada uno, más calor. Me giro. Pechos expuestos a la ventana. Masajeo pezones duros. Frío y calor. Quiero su reacción. Ninguna. Irritada, dejo caer la blusa. Desnuda de torso.
El Instanté Explosivo
Manos a su cinturón. Bajo la cremallera. Polla dura, roja, salta. La saco. Grande. Me arrodillo. La chupo. Boca llena. Me ahoga. Lamio el glande. Mordisco suave. Luego fuerte. Aprieto huevos. Él tiembla. Gime.
Sigo. Pechos rozan su pantalón. Irritados, placenteros. Me miro en el espejo: puta hermosa. Él agarra mi cabeza. ‘¡No pares, zorra!’. Acelero. Me corro la falda. Dedos en mi coño empapado. Él eyacula. Semen caliente en mi boca. Trago. Restos en labios, cuello.
Me levanto. Falda cae. Culotte baja lento. Juego con el coño. Desabrocho ligueros. Uno se rompe. Lo arreglo arqueada. Él suplica: ‘Ven’. Monto. Polla entra entera. Quema. Deleite. Cabalgo frenética. Él aprieta tetas. Me corro gritando. Araño su pecho. Sangre. Él eyacula dentro.
Caigo exhausta. Mundo borroso. Besos suaves. Me pone a cuatro patas. Dedo en culo. Resisto. Me sujeta. Entra. Dolor. Grito. Lágrimas. Frota mi coño. Dolor vira placer. Me miro en espejo: ojos negros de rímel, tetas sangrientas, cara extasiada. Orgasmo brutal. Caemos.
Despierto. Él vestido. ‘Tómate tu tiempo’. Deja dinero. Sale. Dos días después, vuelvo. Lugar vacío. Hombre en puerta: ‘¿Visita? Ya está alquilado’. Pregunto por él. Se fue a Guinea. Rico. Habló de mí. Me conmovió. Me da email. No sé si escribir. Mi inocencia rota para siempre.