En el salón de nuestra nueva casa, la mesa de masaje brillaba bajo la luz tenue de la vela. Habíamos cenado junto a la piscina, mi cuerpo ya vibraba de anticipación. Llevaba meses soñando con esto, confesándole a él mi anhelo por una mujer. El corazón me martilleaba en el pecho. Me refresqué, salí en mi camisón negro, tanga apretando mis labios hinchados. Me tumbé bocabajo, nerviosa, excitada. Sus manos con aceite caliente empezaron por mis pantorrillas. Subían lentas, rozando mis muslos. Suspiré cuando llegaron a mis nalgas. Las amasaba, yo arqueaba la espalda, pidiendo más sin palabras. Me besó profundo, lenguas enredadas, saliva caliente. Mi coño palpitaba. Me puso el antifaz de satén, pasé boca arriba. ‘Voy por música’, dijo. Minutos eternos de espera, piel erizada. Volvió, dobló mis rodillas, me ató los tobillos al borde. Piernas abiertas, expuesta, vulnerable. Pluma suave sobre mi piel, cosquillas en el vientre, en los pechos. Grité bajito cuando rozó mi raja. Él me tocaba los tetones, yo gemía. Cyprine empapaba mi tanga. La apartó, su boca recogió mi miel. Me besó, compartiendo mi sabor salado. Y entonces, su lengua paró en mi clítoris. No era la suya. Un desconocido. Shock. Placer brutal. Corazón desbocado. ‘¿Te gusta, amor? Somos dos para ti. ¿Stop o más?’, murmuró él. GARGANTA SECA. ‘Más… ¡quiero más!’ Rendida. Inocencia rota.
Su lengua volvió, voraz. Yo temblaba, mordida por él en los labios. Gemidos salvajes. Ella –Lady X– mordisqueaba mi clítoris, metió mi gode italiano, untado en mi jugo. ‘Te haré correr’, susurró. Sus labios en los míos, primer beso mujer-mujer. Lenguas torpes al principio, luego fuego. Nervios en cada roce, malabares inexpertos que ardían. Él nos miraba. El gode abrió mi coño chorreante, nervaduras frotando paredes húmedas. Vaivenes lentos, mi cuerpo ondulaba atado. Él ató mis manos. Totalmente suya. Su polla dura en mi boca baveante, ritmo con el gode. Lengua lamiendo su prepucio salado. Crují de placer. ‘Me corro’, avisó. Explosión. Su leche caliente en mi garganta, mi coño convulsionaba en espasmos. Inerte, sudada, nueva.
La Aproximación: Temblores de Deseo y Miedo
Minutos después, él me soltó el antifaz. Ella seguía enmascarada, curvas tentadoras. ‘No la dejes ir hasta que corra’, exigí, voz firme. Él la besó con antifaz. La até a cuatro patas. Ideas locas bullían en mí. Metí un huevo vibrador en mi coño dilatado, le di la mando a él. Otro para ella. Lubriqué plug anal. Me acosté bajo ella, besos en su raja, clítoris hinchado. Pulgar en su ano, dedo en su mineta. Ella goteaba en mi cara. Gemía ronca. Saqué dedos, metí huevo. ‘¡Vibra!’, ordené. Zumbido doble, nos retorcía. Chupé su clítoris, plug en su culo apretado. Ella fountainaba. Yo ardía, él mandaba ondas. Cerca del abismo. Mi primera vez con mujer: no inocencia perdida, sino puertas abiertas. Corazón acelerado aún, piel marcada, sabor a ella en mi lengua. Adulta al fin, hambrienta de más.