En el asiento trasero de su viejo coche, aparcado en un camino oscuro. La noche olía a jazmín y a miedo. Sus ojos verdes, como agua de mar, me miraban fijo. Mi corazón latía desbocado. ¿Y si nos pillan? Pensaba. Pero su boca, tan cerca, me atraía. Nervioso, acerqué mis labios. El primer beso, torpe, chupeteando el borde. Ella sonrió. No hay vuelta atrás.

Mis manos temblaban rozando su nuca rubia. Olía a mujer, a perfume dulce. La besé allí, lamiendo la piel suave. Bajé a sus brazos, besándolos con hambre. Piel fina, duvet imperceptible. Sus manos delgadas me guiaron. Chupé sus dedos, como pequeños sexos. Ella jadeó bajito. El pulso me martilleaba las sienes. Excitación pura, incontrolable.

La Aproximación: Temblores de Deseo

Levanté su blusa. Sus axilas, íntimas, húmedas. Las olí, ese aroma secreto. Lengua tímida primero, luego voraz, devorando los pelitos. Ella se arqueó. Mis labios subieron a sus pechos. Libres bajo la seda, firmes y suaves. Los sopesé, peras perfectas. Dedos en las tetas rosadas, duras ya. Las chupé como pollas, mordiendo suave. Ella gemía. Mi polla palpitaba dura.

Bajé al vientre liso, renflado un poco. Lengua en el ombligo, explorando pliegues. Sus muslos, duveteados, bronceados de verano. Manos subiendo por dentro, bajo la falda. Nylon de medias, luego piel tibia. Detrás, bajo la falda, carne ofrecida. Firme, suave. No resistí. Lengua desde la rodilla a la ingle. Sabor salado, íntimo.

Sus nalgas, redondas bajo mis palmas. Primero vestidas, luego desnudas bajo bragas de encaje. Amasé, piel blanca dulce. Dedos en la raja, misterio. La abrí indecente. Ano plegado, moreno. Lengua coqueta primero, lamiendo pliegues. Ella confesó que le gustaba. Lo devoré con ganas.

El Instante: Explosión de Sensaciones

El triángulo mágico. Toison castaña, rizada, dorada al sol. Manos perdidas en rizos. Rostro hundido, nariz en el monte. Lengua peinando, mordiendo. La miré jaillir su chorrito caliente, dorado. Lo imaginé sobre mi polla. Limpié gotas con lengua ávida.

La fente, abricot cerrado. Dedos torpes abriéndola. Caricias en ingles, subiendo bajando. Suspiros crecían. Boca en la flor roja. Lengua penetrando, miel abundante. Aspiré su jugo, delicioso. Polla lista, roída de deseo. La penetré despacio. Torpe al principio, vaivientes nerviosos. Ella abierta, impúdica. Aprieta, cruje placer.

Montó la ola. Sus orgasmos crisparon gemidos. El mío explotó, inundándola. Semen caliente, quemando.

Después, en silencio. Sudor pegajoso, aliento entrecortado. La inocencia rota. Adulto de golpe. Sus ojos verdes, satisfechos. Sabía que nada sería igual. Aquella noche, en el asiento trasero, nací al deseo verdadero.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *