En el jardín compartido de los bungalós en Creta, la noche era cálida y oscura. Mi corazón latía fuerte. Marco acababa de pedirme condones y lubricante para tirarse a Anne, mi ex. No pude resistir. Salí sigiloso, me acerqué a su puerta-ventana entreabierta. El arbusto me ocultaba. Temor y morbo me invadían. ¿Y si me pillan? Pero el deseo ganaba. Sabía que no daría marcha atrás. Sus risas ebrias aún resonaban. La luz suave del baño iluminaba la habitación. Me asomé. Los vi besándose en la cama. A tres metros. Mi pulso se aceleraba. Anne, con su culo generoso que tanto volvía loco a Marco. Ella desató su melena. Él le amasaba los pechos. Gimiendo. Su mano buscaba su polla dura bajo el pantalón. Nervios me atenazaban el estómago. Primera vez espiando así. Tan cerca. Tan real.

Anne se quitó la ropa. Quedó en tanga, sujetador y medias. Marco la desnudó más. Le besó el coño. Ella jadeaba. ‘No, no, déjate las medias’, suplicó él. Ella sonrió: ‘Tú eres un pícaro’. Su cuerpo curvilíneo brillaba. Tetas pesadas, caderas anchas, culo perfecto. Mi polla se endurecía en el short. Me toqué por encima. Ella le pajeó lento. Se arrodilló. Lo chupó despacio. Labios carnosos engulléndolo. Marco gemía. Yo veía su culo agitarse mientras se masturbaba. Primera vez viendo eso. Mi ex, tan puta. Tan sensual. Él explotó en su boca. Ella tragó todo, fingiendo no haber corrido. Mentira. Su piel erizada lo delataba. Yo eyaculé en silencio, semen caliente en la vegetación.

La aproximación: nervios y deseo incontrolable

Pero no pararon. Él la lamió el coño. Ella se tocaba las tetas. Gritó al correrse. Luego lo cabalgó. Clapotis húmedo. Tetas botando. Él la puso a cuatro. Le metió el dedo en el culo. Ella: ‘Sí, sí’. Tercera corrida para ella. Pidió más lubricante. Primera vez para mí viendo su ano abierto así. Con un desconocido. Marco se posicionó. Ella guio su polla gorda. Lentamente. Entró entero. Gritó de placer. Él la follaba el culo fuerte. Ella se pajeaba furiosa. ‘Ven en mis nalgas, chéri’. Eyacularon juntos. Yo también, de nuevo. Mi inocencia rota. Placer voyeur nuevo horizonte.

Al día siguiente, Anne salió de su cuarto. Roja. Mi erección obvia. ‘¿Nos oíste?’. Sonrió. Me masturbó rápido. ‘Esta noche, los tres’. El trío fue brutal. Primero la follamos por turnos. Luego doble penetración. Anal y coño. Sentí su calor, su roce interno. Corrimos los tres a la vez. Esa semana, tríos diarios. Descubrí su lado salvaje. Rompió barreras. Fin de mi inocencia celosa. Ahora, reconciliados. Aquella primera mirada cambió todo. Latidos eternos.

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