Sonó el timbre. Corrí a abrir, el corazón latiéndome fuerte. Véronique se encerró en el dormitorio, como siempre tarde. Quince años casados y su sensualidad me volvía loco. Abrí la puerta y entró el sol de julio, con Géraldine y Stéphane. Ella, con su vestido rojo ligero, espalda desnuda, piernas infinitas. Mi fantasía desde el primer día. La besé en las mejillas, su perfume me mareó. ‘Estás preciosa’, le dije. Sonrió, matándome.
Los invité al salón. Se sentaron en el sofá frente a mí. Géraldine cruzó las piernas, el vestido subió, mostrando muslos. Mi mirada la excitó, lo vi. Llegó Véronique, falda corta azul, top verde que apenas tapaba sus pechos. Stéphane la miró embobado. Nos sentamos, parejas frente a frente. Mi mano subió la falda de mi mujer, exponiendo su tanga negra. Ella no protestó. Géraldine abrió las piernas, mostrando su culotte blanca. El aire se cargó de tensión. Alcohol fluyendo, risas subidas de tono. Hablamos de porno, de cómo nos ponía cachondos.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Puse música. Invité a bailar a Géraldine. Se colgó de mi cuello, whisky en vena. Mi mano en su culo, besé su cuello. Se apretó contra mi polla dura. Nuestras lenguas se enredaron. Pasé atrás, manos en sus tetas perfectas. Ella me tocó la verga. Olvidé todo. Bajé la cremallera de su vestido, cayó al suelo. Solo el string. La llevé al dormitorio, empujándola por las nalgas. ‘Venid cuando queráis’, le susurré a Véronique.
En la habitación, ella tomó el mando. Me desabotonó la camisa, besos en el pecho. Bajó mi pantalón, apretó mi polla por el bóxer. ‘Te pongo cachondo’, ronroneó. Se arrodilló, lo sacó de un tirón. Me la mamó como una diosa, succionando fuerte. Casi me corro. ‘Para, puta’, gemí. Se tumbó, abrió las piernas. Manos en sus tetas, bajé al string. Dedos en su coño húmedo, la hice correrse gritando.
El instante: explosión de sensaciones prohibidas
Quité el string lento, torturándola. Totalmente desnuda, me pidió 69. Lengua en su clítoris, ella chupándome voraz. Segundo orgasmo suyo. Entraron Stéphane desnudo, polla en mano de Véronique, tetas fuera. Él la desnudó, solo tanga. Géraldine me provocó: ‘Fóllame, demuéstrame que eres hombre’. La penetré de golpe, la taladré salvaje. Grité al correrme dentro, ella explotó en su tercero.
Nos miramos, sudados, sonriendo. Stéphane follaba a Véronique en la silla, ella cabalgándolo. Luego él la pilar en la cama, crudo: ‘Toma, puta’. Se corrieron juntos. Mi polla revivió viéndolos. Géraldine: ‘Te excita ver a tu zorra follar’. Primera vez viendo a mi mujer con otro. Celos, vergüenza, pero erección brutal. Confesiones: años fantaseando mutuamente. Risitas de ellas. Nuevos horizontes abiertos. Esa noche, mi inocencia se rompió. Ya no había vuelta atrás. El intercambio nos cambió para siempre, un volcán despertado en todos.