Era la mesa del salón, en plena Nochevieja. El corazón me latía como un tambor desbocado. Había huido con Félix, pero su rabia me había empujado de vuelta. Entré temblando. Todos me miraban: Gisèle con su sonrisa pícara, Armand con la polla aún medio tiesa bajo la camisa, Bianca desnuda, Rosalie en bragas empapadas. Me incliné sobre la mesa, el pelo rozando el café caliente. Lágrimas silenciosas. Bajé bajo la nappe oriental, escondida como un secreto sucio. El miedo me ahogaba. ¿Qué hacía allí? Mi vida entera había sido botones cerrados, Félix regañándome por un escote. Ahora, el aire olía a sexo, a champagne y pis. Mi coño palpitaba, traicionero. No había marcha atrás. Gisèle me llamó: ‘Sal, no es sucio’. Asomé la cabeza. Pedí tijeras. El pulso se aceleraba. Corté botones uno a uno. El corsage se abrió, mostrando mi sujetador. La falda cayó. La braguita, con sus nácar, rasgada. Quedé en sujetador, con mi vello negro al aire. Corazón en la garganta. Di la primera vuelta a la mesa. Manos ajenas rozaron mi piel. Bianca tocó mis labios mayores, suaves, húmedos. Armand amasó mis nalgas calientes. Rosalie provocó un espasmo que empapó el dedo de Gisèle. Besos en la segunda vuelta, lenguas sabrosas. Tercera: Armand me siguió, su verga rozándome. Cuarta: ellas tres lamiéndome. Quería gritar de placer nuevo. Mi mano en mi coño en la quinta vuelta. Sexta sola, masturbándome, ojos en blanco. Séptima: la mesa crujió y cayó.

Naked en el centro, entre restos de cena. Mi vello espeso. ‘Cortadlo’, supliqué. ‘Que Félix sepa que cambié’. Tijeras frías en mi monte. Gisèle, Bianca, Rosalie turnándose. Piel aterciopelada emergiendo. Perfume, gel vaginal frío y resbaladizo. Armand se acercó. Su polla dura entró en mí. ‘¡Feliz año!’, gritó. Explosión. Mi coño virgen de grupo se abría, succionando. Cada embestida, un latido. Sudor, gemidos. Ellos turnándose: lenguas, dedos, pollas. Mi cuerpo ardía, inocencia hecha trizas. Nervios convertidos en fuego. El clímax me rompió, chorros de placer.

La Approche: Nervios y Deseo Irrefrenable

La marca quedó. Hacia las cuatro, pregunté por sodomía. Armand exhausto. Teléfono: Félix. Hablé con él, posiciones opuestas. Mano libre abriendo nalgas. Armand empujó. Anal primera vez, hablando con mi novio. Dolor agudo, luego plenitud. Su polla en mi culo, rodeada de calor dulce, presión sensual, olor acre. Él eyaculó justo cuando colgaba. ‘¿Mis nalgas pueden ser amigas?’, le dije. Sperma goteando, mezclado. Me prestaron impermeable, desnuda debajo. Salí cambiada. Fin de inocencia. Adulta, desabotonada, libre. Aquella noche abrió horizontes. Aún siento el temblor, la excitación del inconnu.

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