Llegué a la puerta de su casa el año pasado. Tenía 45 años, rubia, 1,65 m, 55 kg, madre de dos niños. Divorciada hacía meses, el ánimo por los suelos. Me inscribí en un sitio de citas por desesperación. Mensajes a montones. Fotos suaves, pero funcionaron.

Thomas, 18 años, cerca de mí. Mensaje sobre mi pasión compartida. Charla por mail. Luego MSN. Semanas hablando de todo. Le conté mi divorcio, la soledad. Conversaciones derivaron al sexo, sutil al principio. Fotos nuestras. Complicidad. Esperaba sus mensajes con el corazón acelerado, excitada.

La aproximación: nervios y deseo incontrolable

Una noche, charla caliente. Pide foto sexy. En ropa interior. No tengo. ‘Tómala ahora’, dice. Sin pensar, me quito pantalón y blusa. Culotte y sujetador blancos. Me foto en el sofá. Envío. ‘Estás preciosa, me aprieta el pantalón’, responde. Me desconecto, ruborizada. ¿Yo, madre de 45, a un chaval de 18? Pero me excita. Él maduro, atractivo.

Al día siguiente, su mail: gracias, fotos le pusieron cachondo. Adjunta su polla dura, en mano. Rosea, grande. Me mojo al instante. Primera excitación real en años. ‘Me halaga’, respondo.

Días así, coqueteos. Propone vernos. Dudo. Acepto. Plaza popular, tarde siguiente. No duermo, elijo ropa: pantalón y blusa blancos, string y sujetador a juego. Llego antes. Viene: pantalón beige, camiseta caqui. Beso en mejillas. Café cercano. Intimidado, banalidades. Camarero mira mi escote. Sonrío: cree madre e hijo.

Propone cine. Acepto, para romper hielo. Sala casi vacía. Última fila. Pareja delante. Su mano en la mía. Me besa. Nuestras lenguas enredadas, como adolescentes. Besos largos, húmedos. ¿Nos ven? No importa. Fin de película, salimos. Me lleva a casa. Insiste entrar. Niños dentro, no. ‘Reflexionemos’, digo.

Mail suyo al día: quiere más. Yo también. Miedo: ¿enamoramiento? No futuro. Acepto ir a su casa. Mañana.

El instante: explosión de placer y maladiezas excitantes

Llego. Toco timbre. Abre. Cierra puerta. Abrazo. Beso. Corazón desbocado. Sabía que no hay marcha atrás. Miedo y deseo chocan. Entramos en su habitación. Besos eternos. Sus manos en mi nuca, hombros, pechos. Me rindo. Dedos bajo ropa, tetillas duras. Baja a culo, string. Toca mi coño depilado. Eléctrico.

Le quito camiseta. Torso musculado, poco vello. Beso pecho, muerdo pezones. Bajo. De rodillas. Desabrocho pantalón. Calzoncillo hinchado. Bajo. Polla magnífica, como en foto. Mano arriba. Miro ojos. Boca la envuelve. Suave, gruesa. Chupo lento. Gime. Acelero, manos ayudan. Experta en felaciones. Él al límite. Chupo fuerte, profunda. Eyacula chorros en boca. Trago todo. ‘Primera vez que una chica traga’, dice feliz.

Me levanta. Beso. A cama. Me desnuda. Yo desnuda ante él. Se tumba sobre mí. Besos: labios, cuello, tetas, vientre, pies, muslos. Lame coño húmedo. Mejor cunnilingus ever. Pierdo tiempo. Orgasmo brutal, lengua mágica. Tardo en volver. Caricias suaves.

Quiero su polla dentro. ‘Fóllame’. Preservativo. Le chupo duro otra vez. Me abro piernas. Mal torpe al entrar. Ayudo. Penetra fácil, lubricada. Va-et-vient lentos, ojos fijos. Acelera. ‘¡Sí, fóllame fuerte!’. Casi corro. Él eyacula gritando, prematuro. Pero su cara… inolvidable. Besos. Acaricio torso.

‘Tu primera vez’, dice. Stupor. ‘Sí, chicas me tocaron, chuparon, pero no follé’. Merveilleux. Acariciamos. Vuelve duro. Chupo controlado. Me monto. Cabalgo. Aguanta. Orgasmo mío. Juntos esta vez.

Después, blottis. Inocencia rota para él. Para mí, renacer. Corazón late aún fuerte. Nervios dulces, tensión disuelta en placer. Nueva yo.

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