Entramos en mi salón. El corazón me latía fuerte. Aurore se sentó en el sofá, piernas cruzadas, sonrisa enigmática. ‘Tengo un regalo para ti’, dijo. Nervios me subían por la espalda. ¿Qué querría? Su perfume, Opium, me envolvía. Me senté lejos. Ella empezó a hablar. Me observaba desde hace un año. Sabía mis miradas. Mi deseo reprimido. El pulso se aceleraba. Intenté negar. ‘Soy casado, tu jefe’. Ella se acercó. Manos en las mías. Cálidas. ‘Dos adultos consentidores’. Avanzó. Cuerpos pegados contra la mesa. Ojos verdes fijos en mí. ‘Déjate llevar’. Beso. Primero tímido. Luego feroz. Lenguas enredadas. Mi polla dura contra su vientre. No había vuelta atrás. El miedo se mezclaba con hambre. Sus manos en mi cuello. Susurro: ‘Para el bien del servicio’. Rendí. La abracé. Sabía que caía.
Descubrí su piel bajo la falda. Nada. Culazo desnudo. Sorpresa. Me arrodillé. Piernas abiertas. Coño rosado, húmedo, listo. Olor fuerte. La besé en muslos. Gemidos. Boca en su sexo. Jugos dulces. Lengua en clítoris. Se arqueó. ‘¡Come-me!’. La devoré. Temblores. Orgasmos la sacudían. Cuernos en mis hombros. Éxtasis. Luego ella. Bragueta abajo. Mi verga en su mano. Boca caliente. Chupaba. Lengua girando. Follando su garganta. No aguanté. Corrida en su boca. Tragó todo. Sonrisa perversa.
La aproximación: tensión en el salón
En la cama. Desnudos. Sus tetas perfectas, 90B. Las mordí. Duros pezones. Me montó. Coño apretado. Me ordeñaba. Controlé sus tetas. Otro orgasmo. Luego ano. Dedo húmedo. Se abrió. Gemía ‘¡Sí!’. Cabalgaba salvaje. Jugo final. A cuatro patas. ‘Tómame como perra’. Empujé profundo. Ritmo animal. Sudor. Gritos. Corrimos juntos. Vacío total. Ducha. Jabón en su cuerpo. ‘No habrá otra vez’. Sabio. Liberados. Culotte del bolso. Risa. Taxi. Secreto eterno. Fin de inocencia. Ahora, recuerdos tiernos. Vida intacta.