Recuerdo esa tarde gris como si fuera ayer. Terminé mi mañana en la oficina, el cielo plomizo. Me conecté una última vez antes de ir por él. Un mail de aurel59, mi contacto erótico. Su historia: una mujer entregándose en un hotel, azotes, besos, lenguas. Mi vientre ardió. Imágenes en la cabeza. Deseo latiendo. Quería masturbarme, pero no. Tenía que ir a la gare.
Bajé del tren, lo busqué. No estaba. Fui al parking. Ahí, en su coche, esperándome. Pelo castaño rizado enmarcando su rostro. Ojos que prometían todo. Subió, besos: uno, dos, tres, cuatro. Demasiados. El coche arrancó hacia el centro. Electricidad en el aire. Mi corazón martilleaba. Lo miré, mordí mi labio. Él devoraba mi escote con la vista.
La Aproximación: Espera y fuego interior
Llegamos al snack. Poco apetito. Hablamos de citas, deseos. Él provocador. Yo coqueta, guiños, lengua en labios. Fruncí las piernas bajo la mesa. Rozones sutiles. Sabía que no pararía en el almuerzo. Mi boutique nos esperaba. Caminamos, su mano en mi cintura. Entramos. Quitó su abrigo. Lo llevé a la trastienda, detrás de la mampara. Espacio estrecho, olor a cartón y deseo. Me giré. Él avanzó. Manos en mi cintura, otra en mi pelo. Beso largo, hambriento. Corazón desbocado. No había vuelta atrás.
Fingí sorpresa. Pero lo esperaba. Su bulto contra mi pierna. Urgencia. Sus manos bajaron a mis muslos. Ecarte las piernas. Tocó mi coño por encima del pantalón negro. Jadeé. Me lo bajó de un tirón. String negro aparte. Me sentó en la mesa. Se arrodilló. Lengua en mi intimidad. ¡Joder! Calor explosivo. Lamía labios, clítoris. Dedos dentro, lentos, profundos. Oídos alerta por ruidos. Gemí ahogado. Presión building. Él aceleró. Dientes suaves, labios succionando. Me arqueé. Orgasmos me partió. Temblores. Primera vez así, expuesta, en mi propio trabajo.
El Instante: Contacto brutal y éxtasis
Aturdida, lo besé. Sabor mío en su boca. Subí mi ropa. Ahora él. Desabroché su pantalón. Polla dura, impresionante. La saqué. Mirada fija en la suya. Boca alrededor. Él se apoyó en la mesa. Lengua en la punta, bajando. Manos en sus nalgas. Aspiré fuerte. Él vibraba. Aceleré. Sus manos en mi pelo. ‘Voy a…’ Advertencia. Salvas calientes en mi garganta. Tragó todo. Él tembló. Venganza dulce.
Me levanté. Salí como si nada. Él se recompuso. Score empatado. Pero algo cambió. Esa tarde en la trastienda, perdí inocencia. Descubrí placer crudo, riesgo adictivo. Corazón aún late fuerte al recordarlo. Puerta abierta a más.