Katendrecht, esa presilla caldeada junto a Rotterdam. Junio agitado. El corazón me late fuerte. Rose, mi morena, vibra de nervios y ganas. Hemos alquilado la vitrina roja. Limpia, íntima. Detrás del cristal, todo escarlata. Maxime, el galán francófono, la aprieta contra sí. Sus manos viajan. Ella ríe, pero tiembla. ¿De verdad lo haremos? Yo propuse el reto. ‘¿Te atreves a exhibirte desnuda?’ ‘¡Chiche, conejito!’ No hay vuelta atrás. Su pulso acelera. El mío también. Sudor en la nuca. Excitación del tabú. Primera vez en un antro así. Marineros chinos en la memoria, pero ahora somos nosotros los locos. Toco la puerta. La dueña, maquillada, en bata roja y negra. Negocio rápido. Precio acordado. Maxime besa su cuello. Yo digo: ‘Vas a follarte a mi mujer después’. Él ríe. Rose minaude. El rideau se abre a medias. Ella mira adentro. ‘¡Como casa de muñecas!’ Maxime susurra: ‘Un joyero para mi rosa’. Ella lo aparta. Se quita las bragas. Las gira en el dedo. Se las lanza. ‘¡Guárdalas, Max!’ Él las huele. Desaparece dentro. Mi pecho aprieta. Miedo y morbo. Sabemos que cruzamos el umbral.

El rideau se abre del todo. Rose en su vestido corto. Ondea al ritmo invisible. Botones sueltos. Tirantes caen. Pechos libres. Pezones duros, traicioneros. Gira. Vuelve a girar. El vestido cae. Desnuda total. Se sienta en el taburete. Piernas abiertas. Dedos en su coño húmedo. Se masturba sin pudor. Dos polacos se paran. ‘¡Nueva puta!’ ‘Ocasional’. Se van a regañadientes. Maxime entra. Yo sigo. Rideau cerrado. Ella en el borde de la cama. Desabrocha su pantalón. Polla tiesa, grande. Bosque rubio. Huevos pesados, colgantes. Los sopesa. ‘¡Buenas reservas!’ Él bromea. Ella lame el glande. Lametones. Lo engulle. Chupa fuerte. Él gime. ‘¡Para! Quiero follarte’. Capucha. La tumba. Empuje único. Profundo. ‘¡Qué puta!’ Pistonazos salvajes. Huevos chocan. Ella se agarra a sus hombros. Él eyacula rápido. ‘¡Number one!’ Segunda ronda. Más lento. Ella gime, corre. Él con ella. Tercera. Juntos otra vez. Yo entro en la cuarta. Doble follada. En sándwich. Ella ulula. Llena, inundada. Corazones desbocados. Sudor mezclado. Primera vez compartiendo así. Explosión sensorial. Carne contra carne. Nervios rotos en placer puro.

La aproximación: nervios y deseo incontrolable

Agotados en la cama roja. Charla suelta. Él trafica ‘polvo blanco’. ‘¡Azúcar!’ Risas. Poema rimado: ‘En tiempos morosos, Rose es el antídoto’. Aplausos. Se viste. ‘Llámame. Hotel cinco estrellas’. Beso final en su polla. Se va. La dueña baja. ‘¿Socias? Tiene talento’. Rose: ‘Gracias, pero lejos’. ‘Quizá otro día’. Salimos. Días después, la veo soñar con la caja de capotas usadas. En el congelador. Su mirada dice: hubo una primera vez. Ya no somos inocentes. Horizontes abiertos. El corazón aún late al recordarlo. ¿Volverá? El morbo susurra sí.

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