Llego a la cuadra de Héctor esa tarde de octubre. El sol suave ilumina las viñas otoñales. Assia, mi yegua gris, relincha al verme. Hector está allí, cambiando la paja. Su esposa acaba de irse al pueblo. Me saluda con esa risa suya, entra conmigo y cierra la puerta. Me abraza bajo pretexto de un beso. Su cuerpo fuerte contra el mío. Siento el calor subir. El corazón late fuerte. Quiero, pero no. Pienso en su mujer volviendo. Lo aparto. Huele a estiércol. ‘Dúchate primero’, le digo. Él ríe, me da un piquito y sale.

No espero. Sello a Assia y salgo al trote. Lo veo de reojo, toalla en mano, gritándome algo. Galopo por los senderos. Viento en la cara. Libertad. De pronto, cascos detrás. Es él, en su semental ruano. Pico espuelas. Persigue. Su caballo es más rápido. Corazón en la garganta. Sudor frío y caliente. Emerge una pradera grande. Assia gira ágil. Lo esquivo. Risas. Él es mejor jinete. Me acorrala en una esquina. Le dejo tomar las riendas. Galopa hacia un bosquecillo de hayas. Tira de mi yegua. Bajamos. Caballos libres, nos conocen.

La aproximación: Tensión y entrega inevitable

Sabemos lo que viene. Nervios. Excitación. No hay vuelta atrás. Me ciñe la cintura. Me lleva al haya. Hojas secas crujiendo bajo pies. Me sienta. Boca en mi boca. Manos en espalda, flancos, pechos. Respondo. Pero la caza me ha encendido. ‘Quítame las botas’, pido. Se arrodilla. Agarra tobillo izquierdo. Levanta pierna alta. Arranca la bota. Igual la derecha. Desabrocha pantalón. Baja con bragas a pantorrillas. Me libero. ‘Ahora’, digo. Ríe. Me tumba suave sobre hojas. Abre piernas. Baja su calzón. Su verga dura roza bordes. Tortura dulce. La agarro. La meto en mí. Profundo. Fuerte.

El instante y la huella: Explosión y despertar

Embestidas vigorosas. Me elevo. Grito placer a ecos. Él se contiene. Se levanta. Pantalón en botas, polla tiesa. Ridículo y excitante. Río. Salto. Él tropieza, maldice. Me rindo. Se sienta contra árbol. Me subo a sus rodillas. Quiero besos lentos. Él urge. Cabalga duro. Me empalo. Subo, bajo. Manos en caderas. Toca tetas, culo. Boca en cuello. Placer regresa. Crece. Dura. Quiero eterno y fin. Él estalla. Chorros calientes dentro.

Bosque, gracias. Me alejo. Limpio entre piernas. Vuelvo. Él se contorsiona. Quiere ver culo. ‘Espinas de hayas’, dice. Inspecciono. Culo peludo. Arranco una a una. Gime como niño. Infirmiera salva. Termino. Se gira. Polla a mi altura. Se hincha. Mano en nuca. Me suelto. ‘No tan rápido’. Primeras veces marcan. Esta rompe algo en mí. Libertad total. Fin de inocencia domada. Adulta ahora, salvaje.

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