El aire es pesado, húmedo, en esta tarde de junio. La habitación está tenuemente iluminada. Apenas una brisa entra. Siento el peso. Mi pecho se oprime. El corazón late fuerte. Como un tambor africano en mis sienes.

Bando de seda negra en los ojos. Me preparo para lo imprevisible. Guts me acuesta sobre sus rodillas. Sus muslos fuertes. Siento que sube mi falda. Dos partes: una pegajosa, corta, apretando mi culo y muslos altos. La otra, velo fino, transparente, largo. Negra como la noche. Se desliza por mis caderas. Descubre mi tanga de muselina. La agarra por la cintura. La sube. El tejido fino recorre mi surco. Se mete entre labios húmedos. Penetra mis carnes. Aplasta mi perla sensible, mi clítoris. Presiona más. Excava un surco oscuro en mi carne suave. Me obliga a arquearme. Ofrezco mis montes gemelos. Divididos por esa banda negra que los separa un poco. El corazón palpita. Respiro entrecortado. Halagos. Calor intenso. Una lágrima de sudor baja por mi nalga. El tejido la absorbe. Otra llega. Con un dedo, aparta la tanga del surco. Se hunde más en mi melocotón. Otro dedo guía la gota salada por mi piel.

La Espera Tensa Antes del Primer Golpe

—Mi bella… esta gota brilla en tu estrellita fresca. ¡Qué imagen! —dice. Sus manos abarcan mis nalgas. Sienten la firmeza. Las separan.

Manos recorren mi carne. Rozan, effleuran. No olvidan un centímetro. De caderas al centro. Masajes en círculos pequeños que crecen. Pican mi piel sensible, rojiza. Tan fina. Me dejo ir. Eufória tranquila. Silencio antes de la tormenta. Angustia. Sé que pasará algo. ¿Qué? ¿Cuándo?

No hay marcha atrás. El deseo vence al miedo. Mi cuerpo tiembla. Espera su mano.

De repente. Una cachetada seca en la nalga derecha. Luego izquierda. No hay favoritismos. Gemidos salen de mi garganta. Me retuerzo. Pero Guts me sujeta firme. Su brazo poderoso rodea mi cintura. No me muevo. Torpor picante me invade. Adrenalina. Fríos recorren mi piel.

Arranaca mi tanga empapada de jugos. Irrita al pasar. Dolorosa caricia. Me la mete en la boca. Ahoga gritos. Solo gemidos. Mis muslos se abren bajo su fuerza. Su mano busca mi sexo. Dedos entran fácil. Juegan. Pinchan lo sensible. Mi cuerpo salta.

—Hum… tu concha rosa chorrea. Te gusta, mi puta tierna —ironiza. Sonrisa que adoro.

Sabe que la humedad prueba su control. Sobre cuerpo y mente. Calienta mi piel. Mis caderas bailan. Gritos agudos. Gemidos. Pruebas de su dominio. Cada vez más absoluto. En la sumisión.

La Marca Eterna de esa Noche de Junio

Alterna cachetadas y caricias. Picante y dulce. Dureza y roce. Revuelve mis sentidos. Mi mente es puro cuerpo. Agonía. Pide más.

De golpe, calma. No se mueve. Solo su brazo en mi cintura. Intento levantarme. Bloqueada. Placa mi cintura en sus rodillas. Haletante. Temblorosa. Temor y espera. Minutos eternos. Temblores incontrolables. Al relajarme. ¡Pum! Cachetada sorpresa. Resuena. Vibra hasta mi sexo ardiente.

Cuerpo se arquea violento. Grito expulsa la tanga. Lo que él quería. Espalda hacia atrás. Me muerde el hombro redondo. Pechos caen sobre la sábana. Cabeza en almohada. Veo la marca. Círculo rosado en mi piel. Se irá pronto. Lo grabo en memoria. Recuerdo eterno.

Con el pie, sube el ventilador. A un metro. Aire fresco sobre mí. Frío contra calor. Piel de gallina. Aire entre muslos. Roza mi vulva. Mi botón se contrae.

Mi placer es suyo. Él dirige. Orquesta mis deleites. Acorda mis sentidos. Toca mi piano corporal. Ondas en mis carnes. Pinza cuerdas de mi mente.

Besos salvajes invaden mi boca. Olores sensuales, eróticos. En mi nariz. Palabras turbias en mis oídos. Visiones impúdicas ante mis ojos. Caricias picantes en mi piel. Imaginaciones perversas en mente. Pasiones inyectadas en venas.

Guts está en todo. Grabado en alma. Mente. Mirada. Devoción. Adoración. Mi perla. Mi estrella. Brillo de mi alma sumisa.

Gracias, Guts, por esta dulce nalgada. Por placeres que enloquecen mi ser. Inocencia rota. Nuevo horizonte abierto. Adulta en sumisión.

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