La tormenta rugía fuera. Truenos retumbaban. Lluvia azotaba las ventanas. Todos se acostaron temprano. Séverine entró en mi habitación. Solo su chándal. Sin bragas. Sin sujetador. Lo intuí. Mi corazón latía fuerte. Nervios mezclados con hambre. Le acaricié los pechos bajo la camiseta. Sus pezones se endurecieron. Deslizé la mano en su pantalón. Estaba empapada. Tembló. Cerró las piernas. La masturbé de pie. Sus rodillas flaquearon. Bailó pegada a mí. Lengua en mi boca. Aceleré en su raja y clítoris. Le prometí follarla y luego dos dedos en su coño. Explotó contra mí. Furiosa. Luego flácida.
—Desnúdate, puta —le dije—. Primero la camiseta.
La aproximación: nervios y deseo incontrolable
Obedeció. Luego el pantalón. Lento. Vi su coño primero. Se arrodilló. Chupó frenética. Divina. Se acostó. Le quité el pantalón. Abrió las piernas. Guio mi polla. La froté en su fente. Penetré de golpe. La aporreé. Se corrió en minutos. Cambié posición. Dos dedos en su clítoris mientras la follaba. Hablé sucio. ¿Quieres más pollas? Dos nuevos. Los cocineros. Incluido Philémon, el antillano. Grande. Primera vez para ti con uno así. Se resistió. Paré. Suplicó. Capituló. Sí, quiero. La hice correrse con mi leche y dedos en su coño lleno.
Al día siguiente, sol radiante. Comida alegre. Todos sabíamos. Gérard y Michel, dulces con ella. Los cocineros ahí. Philémon. Ella los miró. Respiró hondo. Nervios. ¿Qué encontraría en esa polla enorme? Me levanté. Vamos a la playa. Todos rieron. Ella bromeó. Si no me tocáis, me quedo. Caminamos. Tras la duna. La rodeamos. La desafió con la mirada. ¿Quién empieza? Bajaron los shorts. Cinco pollas tiesas. Luna pálida. Ella fascinada. Miedo y deseo. Yo atrás. La puse de rodillas. Besó cada una. La de Philémon, gigante. Oscura. Crítica y atracción. Philémon la guió a su boca. No cabía toda. Lamió. Manuel en la otra mano. Gérard y Michel la tocaron. Se corrió gritando.
El clímax: penetraciones y éxtasis total
La tumbaron. Michel le comió el coño. Lengua y dedos. Otro orgasmo. Philémon mandó. La levantaron en el aire. Yo, Gérard, Michel, Manuel sosteniéndola. Coño blanco ante polla negra enorme. Empalada lento. Ondas de placer. Aceleró. Golpes brutales. Gritaba. Él eyaculó dentro y fuera. Semen por todo. Manu la folló salvaje. Michel en su boca. Otra corrida de Philémon en su cara. Se corrió hablando de su marido. Gérard la aplastó. Palabras sucias. Pidió semen. Michel brutal. Dos orgasmos más. Semen final.
Volvimos. La llevé a mi cuarto. Desnuda. Sumisa. —Tu marido querría que me chupes —le dije. Dudó. Excitada. Chupó. Mi polla entró en su coño usado. Latidos locos. Inocencia rota. Horizontes abiertos. Ahora era otra. Adicta. El corazón aún acelerado al recordarlo. Aquella noche, todo cambió. Dolor dulce. Placer eterno.