Llegamos al fondo de la cuvette. El viento aúlla. Frío como cuchillos en los huesos. Martha, desnuda ya, me mira con ojos desafiantes. ‘Recuerda que tienes que redimirte’, susurra en francés. Mi corazón late fuerte. Dudas me atenazan. ¿Entrar en esa poza de barro sulfuroso? Huele a huevo podrido. Burbujas estallan. Ploc. Ploc. El geyser ruge cerca, me moja el pie. Bruciendo. Grito. Cojeo. Ella ríe. Insiste. ‘Ven, báñate’. Me desnudo temblando. Piel de gallina. Dientes castañetean. Un pie en el barro. Calor infernal. Retiro. Vuelvo a intentarlo. Piernas hundiéndose. Viscoso. Me ahogo. Inmóvil. Chin en la superficie. Martha flota serena. Mi pulso acelera. Excitación crece pese al pánico. No hay marcha atrás. Esto es Islandia. Esto es ella.

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