Recordaba esa noche en la discoteca como si fuera ayer. El bajo retumbaba en mi pecho, acelerando mi corazón. Sophie, ya no Frédéric. Vestida con un minifalda ceñida, medias de rejilla y labios rojos brillantes. Stéphanie y Sarah a mi lado, riendo, bebiendo shots. ‘Hoy aprenderás a mamar, hermanita’, me susurró Steph al oído, su aliento caliente en mi cuello. Me temblaban las piernas. Miedo y excitación revueltos. ¿Podría hacerlo? Esa polla en la boca de la otra vez, en el callejón, me había obsesionado. Quería saborearla, sentirla palpitar.

Entramos al baño de hombres, un antro oscuro al fondo de la pista. Olía a sudor y cerveza rancia. Tres tíos, puceaux como dijo Steph, con vaqueros ajustados y miradas hambrientas. Sarah cerró la puerta. ‘Chicas, a enseñar’, guiñó. Mi pulso era un tambor. Me acerqué al primero, alto, moreno, con bulto marcado. Manos sudadas. Desabroché su bragueta despacio. El zipper bajó con un zumbido. Su boxer asomó, polla semi dura empujando la tela. Tragué saliva. No hay vuelta atrás. Esto es lo que quiero.

La aproximación: nervios y deseo en la pista

Stephanie se arrodilló a mi lado. ‘Mira, así’. Sacó la verga del chico, gruesa, venosa, cabeza rosada brillando. La lamió desde la base, lengua plana, subiendo lento. Él gimió. Sarah con el segundo, mamando profundo, garganta abierta. Mi turno. Agarré la polla del moreno. Caliente, pesada en mi palma. Lateaba. Olía a macho, almizcle puro. La acerqué a mis labios. Primer roce. Suave, salada. Corazón en la garganta. Abrí la boca, despacio. Cabeza dentro. Lengua tocándola. Sabor nuevo, crudo. Amargo, salado, vivo.

Chupé torpe al principio. Dientes rozando, él gruñó. ‘Suave, Sophie, relájate’, guió Steph, mano en mi nuca. Empujé más. Llenó mi boca, estirándome. Bombeé, cabeza adelante atrás. Saliva chorreando. Él creció, dura como hierro. Gemí alrededor, vibrando. Excitación entre mis piernas, mi propia polla dura en el tanga. Sarah jadeaba al lado, tragando. Cambiamos. Segunda verga, más larga, curva. La engullí ansiosa. Aprendiendo. Lengua en el frenillo, succionando fuerte. Él tembló, manos en mi pelo. Tercera, gorda, casi no cabe. La forcé, garganta apretada. Lágrimas en ojos, pero no paré. Placer en la sumisión.

El instante y la huella: del primer contacto al despertar

Stephanie me animaba. ‘¡Así, puta mía! Traga hondo’. Sarah reía, semen en barbilla. Los tíos explotaron uno a uno. Primero el moreno, chorro caliente golpeando paladar. tragué instinto, espeso, pegajoso. Sabor intenso, semen puro. Segundo eyaculó en mi lengua, lo saboreé antes tragar. Tercero, me llenó la boca, rebosó por comisuras. Me atraganté, pero bebí todo. Cuerpos temblando, míos incluidos. Me levanté, rodillas flojas, labios hinchados, sabor persistente.

Salimos riendo, besándonos con restos de corrida. Ya no era la misma. Esa noche rompí algo dentro. Inocencia ida, replaced por vicio dulce. Cada felación futura sería eco de esa primera. Nervios convertidos en hambre. Ahora, Sophie de verdad. Adicta al sabor de polla, al poder de rodillas. Aquella discoteca, mi bautismo. Corazón calmado, pero alma encendida para siempre.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *