El coche se detiene en un bosquecillo entre pinos. El corazón me late fuerte, como un tambor en el pecho. Nadine, esa era yo, con mi mochila y mis pies cansados. La chica pelirroja, Mademoiselle, me había recogido en la carretera. Sus palabras sobre mujeres como dobles, como espejos, me habían revuelto por dentro. Ahora, el motor calla. Silencio espeso. Siento su mano en mi muslo, subiendo despacio. Quiero parar, pero no digo nada. El miedo me paraliza, el deseo me enciende. ¿Qué hago aquí? Nunca pensé en esto. Hombres torpes, promesas vacías. Pero ella, con su mirada maliciosa, me arrastra. El pantalón aprieta, noto humedad entre las piernas. No hay marcha atrás. Sus labios rozan mi oreja, mordisquean suave. Respiro agitado. Sus manos en mis hombros, redondeando. Me dejo. El pulso acelera, sudor en la nuca. Quiero huir, quiero más. Ella susurra: ‘No arriesgas nada’. Mi cuerpo traiciona, piernas se abren solas. La miro, perfil liso, nariz arrugada en mueca juguetona. ¿Por qué no? Es sucio, en un coche, pero nadie sabrá. Fantaseo un chico, pero es ella. Carne contra carne. El deseo gana. No retrocedo.

Sus labios en los míos, lentos, resbaladizos. Chequea mi cara, mordisquea oreja. Manos bajan, desabrochan. Culotte fuera, en mi mano. La suya en mi vientre, rápida. Dedos apartan labios, resbalan en humedad. Encuentra el clítoris, lo roza, vibra. Gimo. Otro dedo entra, en gancho, busca esa zona que me abre las piernas. Jadeo. Boca entre muslos, lengua en vulva. Olor a sudor, a hembra. Frota cara, se empapa. Chupa, lame. Explosión. Cuerpo tiembla, grito, chorro caliente en su boca. Vacío dulce. Ella pregunta: ‘¿Muy bueno?’. Asiento muda, empapada.

La aproximación: miedo y deseo entrelazados

Me muestra su raja, dedos dentro, jugos brillando. Olor fuerte, afrodisíaco. Toco su muslo, suave, mejor que el mío. Subo, toso pubis, carne tierna. Dedos en su coño, cede blanda, húmeda, grasienta. No hay rigidez, solo elasticidad. Busco clítoris, pequeño, lo rozo. Contrae. ‘Sí, ahí, despacio’. Meto dedo en vagina, entra fácil. Brinco, líquidos chapotean. Otro dedo en ano, roseta se abre. Bajo cara, chupo clítoris, lamo. Dedos follan culo. Ella gime, tiembla, orgasmo modesto. ‘Gracias, me has chupado bien’. Salgo tambaleante, culotte arriba. La suya en mi bolsillo, húmeda de ella.

Camino, piernas flojas. Hotel cutre, me desvisto sonriendo. Olisqueo su culotte, aroma agradable. Inocencia rota. Mundo nuevo. Ya no soy la misma. Carne despertada, ansias frescas. Fin de niña, inicio de mujer libre. Nervios se fueron, queda huella ardiente. Aquella primera vez, malhablada, febril, me cambió. Ahora sé: el placer no tiene género, solo pulso y humedad.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *