Estaba en el armario. El corazón me latía como un tambor desbocado. El olor a madera fresca y ropa de Laurie me envolvía. Había subido corriendo, después de susurrarle mi locura en el pasillo. ‘Quiero verte follar’, le dije. Sus ojos se abrieron grandes, pero no me detuvo. Me escondí allí, bloqueando la puerta por dentro. Sudaba. ¿Y si Éric me descubría? ¿Y si ella lo contaba? El deseo me quemaba. No había vuelta atrás. Oía sus voces abajo. Mi polla ya palpitaba contra los pantalones. Nervios y excitación se mezclaban, un nudo en el estómago. Esperaba, conteniendo la respiración. El hueco en el frontón me dejaba ver el letto perfectamente. Primera vez haciendo esto. Mi inocencia al borde del abismo.
La puerta se abrió. Éric entró desnudo, se metió en la cama. Luego ella. Noche transparente, silueta etérea. Me miró fijo, a través de la madera. Sabía que estaba allí. Sus ojos me taladraban. Se metió con él, fingiendo cansancio. Pero Éric insistió. ‘Hoy festejamos el armario’. Le quitó la camisola de un tirón. Sus tetas saltaron, pezones duros. Abrió sus piernas. Pubis negro, labios morenos largos, vulva húmeda abriéndose. Mi aliento se cortó. Éric la lamía, dedos dentro. Ella se arqueó, gimiendo. Miró hacia mí. Eyaculó en silencio, orgasmos brutal. Primera visión real de un coño chorreando. Mi mano bajó a mi polla, dura como hierro. Saqué una de sus bragas del estante. La envolví. Empecé a pajearme lento, siguiéndola.
La aproximación: el armario y la espera eterna
Ella le chupó la polla. Profundo, tragando. Me miró mientras lo hacía, como ofreciéndomela a mí. Saliva goteando, huevos en sus dedos. Éric se corrió en su boca. Ella tragó, pero algo se le escapó por la barbilla. Yo exploté en su braga, semen espeso empapándola. No pararon. La puso a cuatro patas. Primero la folló el coño, duro, ella pidiendo más. Luego el culo. ‘No, no esta noche’, suplicó, pero él escupió y empujó. El ano se abrió, tragando el glande. La polla entraba centímetro a centímetro. Ella gemía, mirándome. ‘No mires’, susurraba, pero abría más las nalgas. Se corrieron juntos, él llenándole el recto. Yo otra vez, semen en su ropa interior. Sensaciones nuevas: celos, ternura, lujuria pura. Mi primera vez viendo anal, real, crudo.
Bajamos sigilosos. Ella desnuda, semen goteando de su culo. ‘¿Satisfecho? Me viste follar y que me empalaran’. Le di la braga empapada. La olió. ‘Tu semen huele bien, cuñado salaud’. Me acercó su mano a sus nalgas. Mi dedo entró en su ano resbaladizo. Se apretó. ‘Quizá pruebe tu polla algún día. Y hable con mi hermana’. El corazón me estalló. Esa noche rompí mi inocencia. Ya no era el mismo. El armario abrió horizontes prohibidos. Nervios convertidos en adicción. Si Laurie lee esto, gracias por esos momentos tiernos, locos, torridos y respetuosos.