Aún siento las vibraciones en el bajo vientre. Calor como una polla ardiendo cerca del santuario. Yo era la cripta, Véronique la críptica. Paul entró en mi vida hace un mes, en mi vientre hace tres semanas. Diez veces follamos. La Maravilla. Pero él, con su puta mili en el 95, a los 24 años. Ese pozo de cultura, faraón de caricias, Champollion de mis jeroglíficos internos.

Después del almuerzo triste en La Fine-Equipe, me dejó con Jean para acompañarme. En los váteres, Paul me miró con ojos de terciopelo. Sus labios rozaron los míos, luego devoró mi boca. Mil papilas vaginales despertaron. Me empapé. Bloqueé su mano subiendo la falda. No, joder, no me dejes ardiendo. Él se va en minutos. En cinco días vuelve. Pensé en eso: yo abriéndome, chupándolo con avidez, él penetrándome suave y duro.

La aproximación: nervios y deseo incontrolable

Pero no allí, en esas letrinas hediondas. Retrocedió serio, narices temblando. ‘A viernes’, dijo grave. Yo, labios hinchados, maquillaje corrido, lo adoraba. Jean: ‘Te quiere, el con’. Paul se fue. Mi cuerpo cantaba.

Jean, guapo, macho, classieux. En su Twingo de mierda, quise un café. La Grande Blessure, nombre raro. Me calmó su chorrada. Me dejó en mi estudio. Por educación, té al caramelo. Subió. Me folló rápido como un burro. Estaba empapada. Mente vacía, vientre lleno. Él sonrió raro. Todo ordenado, nada anal, pensó. Me tomó el brazo sirviendo. La tetera casi cae. Bandaba como turco. Olía a mi deseo.

Sacó la polla. Yo, pasmada. Volví a mojarme, deportista en calor. Me agarró el culo por la falda. Voz rara, de marica. Palabras salvajes. Diez segundos. Ya untoso. Paul en el tren.

Ellen Foley sonaba. Me atrajo. Vestida aún. Nichons al aire, tacto firme. Tetas sensibles primero. Luego, glissando a la concha. Poils, seda mojada. Me cepilló los dientes con su verga. Me activé. Clítoris enorme. Lo rozaba listo, no bruto. Feulé.

A cuatro patas. Me limó a tope. Bueno, joder. Clapotis audibles. Jugué fuerte. Pensé en mi culo magnífico. No lo tomó. Aún.

Después, me eyaculó en la cara. ‘Gracias’. En la Twingo, ya no ridícula. Pensaba en Paul, 720 km en tren.

El instante y la huella: placer brutal y cambio eterno

Pierre, presentado por Jean. Buena bailarina, dijo. Rock. Cabeza me daba vueltas por Paul. Pero Pierre, musculoso, buen dancer. Risa cuando: ¿pipí? Sí. Mano en escaleras estrechas a lavabos sótano. Culo empapado. Me duché, pero starter atascado.

No soy puta. Golpeé. Me inmovilizó dulce. Susurros. Dedos bajo panty, abrió mi concha. Cantaba. ‘D’accord’.

Autoritorio. Falda arriba. Manos en lavabo. Escupió en raja. Gland carmín, duro, cálido. Pesó en ano. Boca abierta, aire. Fesas apretadas, luego suelta. Dulce presión. Crac. Invadió. Estiró paredes. Geñí por falta de costumbre. Se hinchó más. No dije nada, miedo al dios falo. Me doblé. Malaxada. Alma con Paul, culo tango de Pierre.

Ritmos rotos, seguí. No tanto dolor. 17h, Paul no en Toul. Terminaciones suyas gozaban. Yo, psíquica sacudida. Quería verme. Deculaba, ano dudaba cerrar. Renfonzaba. Yo alegre. 13 min sin correrse. Yo primera, matriz shake, dedos.

Túnel décalaminé. De vuelta estudio. Paul llamó. 20h. Amor. Me enervé. Luego mojé. Cuatro manos, dos bocas. Slip abajo. Mastur, intro evangélica. Thalasso suave. Paul al tel, no sabía me follaban y enculaban.

Misionero chiant bien. ‘Adiós amor’. Jugué post-colgar. Creí colgar. 30 min audio impromptú. Paul nunca se repuso.

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