En el garaje de Cécile-Marie. Solo. Ella había salido de compras. Mi corazón latía fuerte. Fantaseaba con ella desde que mencionó sus ‘PC’, planes cul. Cuarenta y cuatro años, experiencia pura. Me volvía loco con sus ropas sugerentes. Timido, casado, pero excitado. En el cellier, junto a la lavadora, un tanga negro en el suelo. Limpio, olor a detergente. Lo agarré. Temblaba. Bajé el short. Puse la tela en mi polla. Se endureció al instante. Nariz en la tela, imaginando su aroma íntimo. Deslicé la encaje por mis huevos, por el tronco. Corazón desbocado. Miedo a que volviera. Deseo de que me pillara. La coloqué: elástico bajo las bolas, alrededor de la verga, apretando el glande. Me pajeaba furioso. Suspiros con su nombre. Sudor frío. No paraba. Imaginaba sus ojos en mí. La tensión subía. No había marcha atrás. Esto era cruzar la línea.
Sus pasos. Silencio roto. Entró sin ruido. Me vio de perfil, adosado a la puerta. Ojos cerrados, cara crispada de placer. Polla envuelta en su tanga. Pronunciaba su nombre. Ella se acercó. Feeling mutuo desde siempre. Sabía que le gustaba, pretextos para verme. Yo, rojo como tomate al oír de sus folladas. Textos calientes. Admití deseo. Ella bloqueaba por mi matrimonio. Pero ahora, real. Su mano en mis huevos. Salté. Quise huir, subir el short. Tarde. Ella tomó mi polla. ‘Chut, calla, acabamos el trabajo’. Temblaba. Su sonrisa excitada. Corazón a mil. Bajamos al salón. Nos desnudamos. Ella en bragas, yo desnudo. Polla tiesa al techo. Se tumbó en el sofá frente a mí. Mano en su pubis. Piernas abiertas. Se tocaba mirándome. ‘No es justo, estás escondida’. Se quitó las bragas. Vulva húmeda, reluciente. Dos dedos dentro, pulgar en el clítoris. Gemidos. Yo con su tanga en la polla otra vez. Nos mirábamos. Fuego en los ojos. Ella aceleró. Convulsiones. Chorros de jugo. Clapotis obsceno. Yo esperé. Sus últimos espasmos. ‘Venga, Fred, suelta todo’. Cabeza atrás. Piernas tensas. Giclé fuerte. Corrida blanca en mi pubis, en el tanga. Salvas potentes. Ella fascinada.
La aproximación en el garaje
Rouge comme un gosse. Le lancé papel. Se duchó. Yo volví al trabajo. Guardamos las compras. Día normal. Pero dentro, todo cambió. Mi inocencia rota. Primera vez compartiendo placer así. Sin penetración, pero adúltero real. Latidos aún en el pecho. Recuerdo su cuerpo desnudo, su orgasmo salvaje. Su mano en mis huevos. Aquel tanga manchado. Fin de la timidez. Despertar visceral. Ahora imagino su tanga negro en sus caderas. Deseo eterno. Aquella tarde en su casa, crucé el umbral. Adulto al fin.