Bajo la puerta cochera en un barrio de París. Corazón latiendo fuerte. Tres llamadas para llegar aquí. Siempre igual: la primera avisa, la segunda deja mensaje, la tercera fija hora y lugar. Solo sé su nombre, su móvil. Nada más. Tengo 34 años, él es más joven. Lo imaginé regordete, torpe. Pero no. Sale de las sombras: delgado, alto, rizos. No hay tiempo para mirarlo bien. Es tarde. Nos acercamos demasiado rápido.
—¿Eres tú?
La Aproximación
—Sí, soy yo. Me avergüenzo un poco. Avanzo. Él cierra sus brazos sobre mis hombros. Nos besamos como hambrientos. Manos en mi cara. Lenguas danzando. Quiero su vientre. Tiro de su camisa. Piel firme, tensa, suave. Subo al torso. Lo beso en el cuello, oreja. Murmuro: tengo ganas de ti. Me aprieta contra el muro. Siento sus huesos. Rodilla entre mis muslos, sube a mi sexo, lo aprieta fuerte.
Boca abierta, beso profundo. Desabrocha mi chaleco azul, libera mis pechos del sujetador. Baja, los agarra, muerde pezones que se endurecen. Calor sube. Abro piernas. Quiero su mano ahí. Oscuridad total bajo la puerta. Luz de calle ilumina carritos de bebé, bici en la escalera. Todo borroso. Labios hinchados. Aire fresco en pechos desnudos. Postura indecente me enciende. Pienso en lo que hacemos. Me veo. Me excita.
Abro su pantalón. Agarro su polla. Veludada, fina piel. Mido tamaño, flexibilidad. Me agacho. La miro fijo. Entra en mi boca. Lengua en glande, succiono, base en mano. Crece. La deslizo suave. Bajo pantalón. Él separa piernas. Abrigo nos cubre, pero lo aparto. Quiero verlo.
—Mírame mientras te la chupo.
Baja ojos. Su mirada devora mi cara con cada entrada y salida. Tensión en riñones. Fuego en vientre. Estoy empapada. Juego con huevos, nalgas, rozo ano. Pelo suelto me molesta. Él lo agarra, tira atrás. Mejillas hundidas. Me pide levantarme.
Beso con mi saliva, su sabor. Me quema dentro. Dos dedos bajo mi braga. Sonrisa:
—¿Yo te pongo así?
—Tú, tu polla, este sitio, lo que imagino.
—¿Qué imaginas?
—Que me folles ya, rápido.
Me gira. Mejilla en muro áspero. Echa faldas, baja braga. Palma en coño, clítoris, labios. Crezo lomo, ofrezco culo. Se arrodilla. Besos en nalgas. Gimo ronco. Manos frías en muro. Él bajo mi abrigo negro. Malaxea:
—Me encanta tu culo.
—Fóllame ya, rápido.
Talones de mujer en acera. Se acercan. Miedo y audacia. Se levanta. Aliento en cuello. Mano guía su polla palpitante. Empuja de una. Pausa. Liberados. Pasos, voces, faros. Manos en pechos. Tetas hinchadas. Pezones entre dedos.
—Tíralos, retuércelos. Me gusta que me manoseen.
Se mueve. Me sujeta. Tan mojada apenas lo noto. Pero se apretará con el orgasmo.
—Así, métemela fuerte. Y al culo.
Dedos primero, luego polla. De coño a ano. Lentos. Suspiros ahogados.
—Te la meto en el culo.
Sonrío. Asiento.
—Sí, en el culo. ¡Métela!
El Instante
Siento entrañas tocadas. Va y viene. Dedo en clítoris. Contracción. Me giro. Quiero beberlo. A sus pies. Explota. G chorros. Lengua, cara, pelo, tetas. Trago, lamo.
En la calle. Barrio de infancia. Hambre, sed. Café en plaza. Al bar. Él sienta. Yo de pie, contra su rodilla. Luego frente, rodilla en pubis.
—Más. Quiero más.
Sonrisa. Mueve pelo. Café, sándwich.
—Insaciable…
—Solo contigo.
Me da mano. Escalera empinada. Toilette de bar. Orines, luz blanca fea.
—Quiero verte.
—¿Perdón? Rubor.
—Verte, oírte.
Entro en baño turco. Evito charcos. Bajo braga, bolsillo. Ligueros salvados. Piernas abiertas. Nada sale. Él mira por puerta.
—¿Juntos?
Entra. Cierra. Baja cremallera. Polla gorda. Apunta. Reímos.
—Pisa ya.
Sus chorros chocan. Ojos cerrados, luego abiertos. Juego acaba. Sin papel. Goteo en pierna. Me gusta. Lo retengo.
—Quiero chupártela.
Me agacho. Suelo sucio. Subo faldas. Polla floja. Gota en mano, a labios. Dura en boca. La saco. Besos, frotes. Cara, nariz, ojos. Bella.
—Hazme correr.
—¿Aquí?
—¿Dónde más?
Espalda. Penetra. Empuja. Jadeo. Tira pelos pubis, clítoris en círculos. Boca en coño. Lengua caliente. Lame hasta máscara. Orgasmo cerca. Quiero su polla. Se levanta. Placa. Penetra. Corremos juntos. Corazón loco. Mano en teta, chupo dedo. Felicidad.