La cabina del ‘Reine des Mers’ mece suave. La luz de la lámpara-tempête baila en las paredes. Bajo las escaleras, el corazón me martillea el pecho. Morgane está ahí, sentada en la litera, rodillas contra el pecho, manta sobre hombros. Sus ojos se abren, me ven. ‘Gaëlle’, susurra. Cierro la puerta. El clic resuena como un juramento. Me arrodillo lento. No sé cómo empezar. Mi mano tiembla al rozar su mejilla. Piel suave, cálida contra mi palma áspera de sal y cuerdas. Deslizo dedos por su mandíbula. Curva dura, viva. Nunca toqué así a nadie. Miedo me aprieta la garganta. ¿Y si huyo? Pero no. Sus ojos me clavan. Frente contra frente. Alientos mezclados, salados. ‘Dime si quieres que me vaya’, murmuro. Niega con cabeza. Narices se rozan. Tiro de su bufanda. Cae suave. Me inclino. Labios tocan labios. Primer beso. Tiembla todo. Dulce, salado, real. Su mano en mi nuca. Profundiza. Lenguas se buscan torpes, hambrientas. Corazón galopa. Esto es nuevo. Prohibido. Mío.
Suspiro contra su boca. Manos bajan. Cubierta cae. Tiro de su jersey. Piel pálida emerge. Clavículas finas, pechos suaves. Mis dedos rugosos exploran. Tiembla ella. Gimo yo. Bajo mi pull. Sus manos en mi espalda, marcada por años de mar. Callos contra seda. Nos tumbamos en la litera estrecha. Cuerpos desnudos se pegan. Piernas enredan. Mi boca en su cuello. Sal, sudor, vida. Bajo lento. Pezón duro entre labios. Chupa suave. Arquea espalda. Gemido bajo, ahogado por el oleaje. Manos mías en su vientre. Plano, caliente. Bajo más. Muslos tiemblan al abrirse. Dedos rozan humedad. Calor líquido. Primera vez tocando así una mujer. Centro vivo, palpitante. Introduzco despacio. Curva dedos. Busco. Encuentro. Ritmo lento. Sus caderas suben. Clavos en mi hombro. ‘Gaëlle’, jadea. Acelero. Pulgar en clítoris. Duro, hinchado. Gime fuerte. Cuerpo tiembla. Yo sudo, perdida. Sus manos bajan. Me toca. Dedos en mí. Explosión. Entran, llenan. Primera vez sintiendo eso. Placer crudo, visceral. Nos movemos juntas. Oleaje nos mece. Orgasmo la rompe. Silencio roto por gemido largo. Se aprieta contra mí. Tiembla. Lágrimas mías caen. No placer solo. Liberación.
La Aproximación
Quedamos enredadas. Sudor frías en piel. Oleaje nos arrulla. Su dedo traza mi espalda. ‘No tengas miedo’, murmura. Hundo cara en su cuello. Olor a mar, lápiz, ella. ‘No de ti. De mí’, confieso. Me aprieta más. Silencio lleno. Corazón late calmado ahora. Algo cambió. Inocencia rota. No soy la misma. Ya no la dura capitán sola. Soy mujer. Entera. Deseo vivo. Futuro incierto, pero real. Mañana el puerto, Ewen, dudas. Pero esta noche, en sus brazos, soy libre. La mer nos vio nacer. Su testigo mudo.